Forbes Paraguay
Enrique Vargas Peña
Columnistas
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20 Junio de 2024 12.40

Todo el mundo sabe que los indicadores macroeconómicos de nuestro Paraguay están ordenados hace bastante tiempo y que están impulsando una segura aunque lenta mejora de los índices sociales que reflejan el estado de la población.

En las elecciones de 2013 primero y ahora en las de 2023 las fuerzas políticas aglutinadas en lo que podríamos denominar a los efectos convencionales como “grupo Cartes”, por responder al liderazgo de Horacio Cartes, obtuvieron sendos triunfos electorales que le han permitido administrar la cosa pública y proyectar sobre ella su modelo-país.

Este modelo-país no está definido, al menos no hasta donde yo tengo conocimiento, en algún documento estratégico del grupo Cartes que pudiera ser consultado por el público; se trata de una colección de declaraciones públicas de sus integrantes más significativos que permiten sintetizarlo.

Tal vez las más importantes sean las que realizó, cuando era ministro de Hacienda, el actual presidente de la República, Santiago Peña, y las que produjo el asesor chileno del grupo, Felipe Larraín: Propusieron eliminar el poder presupuestario del Congreso, lo que supone retroceder al régimen institucional que en nuestro Paraguay había impuesto el dictador José Félix Estigarribia.

Y de las acciones tomadas, tanto por el entonces presidente Cartes como ahora por el presidente Peña, con respecto a la implementación de los marcos legales para realizar la gestión de la administración pública se colige la idea, complementaria de la anterior, de la construcción de un Poder Ejecutivo hegemónico, tal como disponía en Chile el dictador Augusto Pinochet.
Esto se complementa con la nominación de magistrados, para juzgados y tribunales tanto como para el Ministerio Público, e integrantes de los órganos de control judicial (Jurado de Enjuiciamiento y Consejo de la Magistratura), que construyen una justicia complaciente.

Desde el punto de vista teórico, el modelo-país del grupo Cartes, puede sintetizarse en Ejecutivo hegemónico, Legislativo accesorio, Judicial complaciente y desde el punto de vista del marketing, de la promoción política y electoral del modelo, este pretende ser presentado como una réplica de la fórmula que permitió a Chile el tremendo desarrollo que alcanzó durante el pinochetismo.

Vale mencionar que el atractivo publicitario del modelo es que conceptualmente, es el mismo que usado en China, también con mucho éxito, pues convirtió a ese país en la segunda potencia económica del mundo en el plazo de una generación, y el mismo modelo que propone el Foro Económico Mundial (gobernanza 4.0), en vías de concreción acelerada en la Unión Europea, aunque no con los mismos resultados, por otras razones que vamos a mencionar más adelante.

Desde el punto de vista histórico, creo que podemos atribuir la creación de este modelo a Otón von Bismarck, que con él convirtió a Alemania en la mayor potencia industrial europea a finales del siglo XIX.
Si pudiéramos etiquetar al modelo con alguna frase hecha, sería “capitalismo autoritario”, que fue acuñada ya en los tiempos en que Milton Friedmann proponía, con razón, volver al liberalismo económico.

Las ventajas parecen obvias: mediante una férrea conducción política, millones de personas dejan la pobreza, se acelera el consumo, la demanda, lo que promueve la producción, la oferta, generando un círculo virtuoso beneficioso para lo que el político paraguayo Carlos Portillo denomina despectivamente “los comunes”.
Ahora mismo en nuestro Paraguay empieza esa promoción del modelo con la publicación reciente de números del Instituto Nacional de Estadísticas que confirmarían sus primeros efectos benéficos.

Sin embargo, quienes pretenden promocionar este modelo-país ante la opinión pública, y sobre todo ante la opinión pública internacional, están minimizando los elementos que lastran a este tipo institucional, que lo lastraron en Chile, en China, en Alemania, y lo han lastrado a través de toda la Historia y que lo están lastrando en Paraguay.
Las razones son obvias y están harto estudiadas: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente” le escribió John Dalberg (Lord Acton) al eclesiástico anglicano Mandell Creighton, refiriéndose a las reformas autocráticas del papa León XIII.

No uso la referencia de Lord Acton en sentido moral. La uso aplicada al funcionamiento del mercado y a sus efectos a mediano y largo plazo: El funcionamiento de una economía de mercado, liberal, exige, como ya lo había constatado Adam Smith, la plena vigencia del concepto de libre concurrencia, sin el cual la enorme creatividad y pujanza del sistema simplemente deja de existir para dar paso a privilegios, a mercados cautivos, que terminan requiriendo en forma creciente, medidas de protección diseñadas para reducir la competencia y, por tanto, la competitividad.

Esto nos permite definir el objetivo real del modelo. Aún cuando sus impulsores crean de buena fe en sus efectos benéficos, aún así se trata de convertir al sistema institucional en una oportunidad de negocios para los amigos.
Cuando se estudian las crisis del modelo chileno, se encuentran siempre, como elemento causal, privilegios que el Ejecutivo hegemónico otorgó a sus soportes políticos. 

Ese mismo proceso se está radicalizando ahora en China, aunque a una escala superlativa, y es el que explica el cada vez más evidente empantanamiento de la UE.
Este último merece un breve comentario: No solamente se debe a privilegios otorgados por un Ejecutivo hegemónico, la Comisión Europea, a sus soportes políticos, sino también a otro tipo de privilegios, los que podríamos llamar ideológicos, a las entidades que medran con la llamada “agenda verde”.

Será lo mismo en nuestro Paraguay. Los empresarios amigos obtendrán privilegios que les permitirán desarrollar sus capitales, pero los mecanismos de exclusión y clausura de competencia que dichos privilegios implican producirán inevitablemente los resultados adversos que ocurren siempre a los países que aplican el modelo.
Es la UE la que muestra mejor que ningún otro ejemplo dónde termina el modelo-país que el grupo Cartes está implementando en nuestro Paraguay: En el empantanamiento primero, y después, inevitablemente en el retroceso.
Es verdad que las primeras etapas del modelo logran el beneficio que proclaman. Pero también lo es el final conocido de la película.

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