Cuando la franqueza implica riesgo, los equipos editan alertas, demoran problemas y construyen una versión más segura, pero menos útil, de la realidad corporativa.
Siempre se ha dicho que el cambio es algo positivo y que no cambiar es resistirse al curso natural de las cosas o, hablando en criollo, "estar quedado". ¿Pero qué pasa cuando esa metamorfosis no se detiene nunca? ¿Existe algo parecido a la "fatiga del cambio"? ¿Se cansa uno de cambiar todo el tiempo?