De acuerdo con datos de la Cappro, el sector de industrialización de la soja había cerrado el 2024 con el volumen mensual más bajo de procesamiento en prácticamente una década, pues durante diciembre se industrializaron apenas 6.212 toneladas que, sumando con todos los meses del año, totalizaron 2.648.267 toneladas, volumen que representó una reducción del 12% en la molienda con relación al 2023.
Sandra Noguera, gerente general de la cámara, manifestó que por factores climáticos se pronostica nuevamente una disminución en la producción de soja en la campaña agrícola actual en relación a 2024. Aun así, la capacidad instalada de molienda de soja en el país es de aproximadamente 4,3 millones de toneladas por lo tanto, enfatizó, el volumen de la industrialización no depende solamente de la producción agrícola local.
"La situación de las procesadoras nacionales de soja puede agudizarse de no darse un golpe de timón que ayude a competir en igualdad de condiciones con industrias de otros países que cuentan con medidas favorables para industrializar dentro de sus fronteras. Entre las medidas urgentes se debe devolver la equidad tributaria, ya que es la única industria que no tiene devolución de IVA por sus exportaciones industriales", afirmó.
Así, puntualizó que un factor clave es mejorar la competitividad a través de políticas industriales, para eliminar obstáculos. Noguera sentenció que 2024 fue un claro ejemplo de que una mayor industrialización no depende solamente de la producción, porque con una cosecha casi récord de 10,7 millones de toneladas de soja, la industria paraguaya procesó solamente el 25% de ese volumen, dejando a la agroindustria con una capacidad ociosa de casi el 40%.
Consecuencias directas
Considerando que la industria aceitera tiene gran impacto sobre otras industrias como la de biocombustibles, avícola, porcina, láctea y otras, la gerente general de la Cappro manifestó que una consecuencia en el mediano y largo plazo es una menor oferta de los productos industrializados, afectando oportunidades para la consolidación de dichas industrias, aumentando costos y por ende, restándoles competitividad.
"Además, la agroindustria tiene un gran impacto sobre la economía y la generación de divisas. En la evaluación anual de la actividad industrial se detectó, entre varios aspectos, que durante el 2024 se registró una caída en el ingreso de divisas, estimado en US$ 400 millones respecto al 2023", señaló Noguera.
En cuanto a la exportación de los subproductos de la soja, como aceite, harina y cascarilla de soja, en 2024 ingresó divisas por US$ 1.007,34 millones, cifra que representa apenas un 24% de todo lo generado por el complejo soja en ese año y fue el registro más bajo registrado desde la sequía del 2012, considerando que el 2024 fue un año de producción y de volumen de exportación récord.
La vocera remarcó que, en la medida de una mayor exportación de productos industrializados, mayor será el ingreso de divisas, pues se venden productos de mayor valor. Por ello, catalogó como crucial materializar todo el potencial de las industrias aceiteras nacionales y construir las políticas públicas necesarias para aprovechar la capacidad instalada no utilizada.
Alternativas ante una eventual escasez
Para la gerente general de la Cappro, ante una eventual escasez sería factible importar soja de países de la región, pero para que sea una opción viable, se requiere contar con un régimen de admisión temporaria flexible. Esto se debe establecer con el objetivo de dar valor agregado dentro del país a la soja importada y reexportarla como producto industrializado, tal como aplica Argentina con la cosecha paraguaya.
Noguera subrayó además que esa normativa debe estar disponible para brindar a la industria nacional una mayor posibilidad de capturar ventanas dentro de las cuales se pueda comprar soja en países vecinos para procesar en el país. "Por eso, es clave que este régimen de importación temporal se apruebe cuanto antes; de lo contrario, ya no tendrá efecto en 2025", indicó.