Paul Fernández Editor de Contenidos
El análisis histórico de la soja en Paraguay muestra un sector marcado por ciclos de prosperidad y momentos críticos, especialmente por el impacto del clima, según los datos que maneja el Instituto de Biotecnología Agrícola (INBIO), la Unión de Gremios de la Producción (UGP) y la Cámara Paraguaya de Productores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (CAPECO).
En la última década, según reportaron estos gremios, la superficie cultivada se mantuvo relativamente estable, fluctuando entre 3,2 y 3,7 millones de hectáreas, lo que confirma que el crecimiento del sector depende cada vez más del rendimiento y no de la expansión territorial.
La zafra 2016-2017 sigue destacándose como una de las mejores, con 10,33 millones de toneladas y un rendimiento promedio de 3.050 kg/ha, uno de los más altos registrados. Sin embargo, el mayor punto de quietud se dio en la campaña 2021-2022, cuando Paraguay sufrió la peor sequía en décadas.
En dicha ocasión, la producción se desplomó a 3,4 millones de toneladas, con un rendimiento histórico mínimo de apenas 979 kg/ha. El impacto fue profundo: golpeó la economía nacional, afectó el flujo de divisas y dejó expuestas las vulnerabilidades del sistema productivo frente a fenómenos climáticos extremos.
Las campañas posteriores mostraron una recuperación importante, aunque sin alcanzar todavía los niveles récord. En la zafra 2023-2024, por ejemplo, el país produjo 10 millones de toneladas con un rendimiento de 2.854 kg/ha, mientras que en 2024-2025 el volumen cayó a 9,34 millones, con un rendimiento de 2.571 kg/ha.
Los números revelan un sector resiliente pero altamente expuesto al clima, que demanda inversión en tecnología, manejo de suelos y sistemas de mitigación para sostener su aporte al país y su rol en el mercado global.
Héctor Cristaldo, Presidente de la UGP, mencionó que el desafío actual se centra en los costos de producción que fueron aumentando considerablemente en los últimos 3 años. "El costo de producción en el sector agrícola se disparó en 2022 y desde entonces se mantiene elevado", señaló.
Esto, según explicó, se dio específicamente como impacto del conflicto entre Ucrania y Rusia, que afectó negativamente el comercio de insumos, especialmente fertilizantes. "Cuando comenzó el tema de Ucrania y Rusia, sobre todo los fertilizantes que vienen de esa región, se complicó mucho; tuvo una suba muy importante y después se fue nivelando, pero por encima de lo que era antes de 2022", aseveró.
Destacó que la incertidumbre en los aranceles y el comercio internacional también generan una constante volatilidad en los precios. "Toda la incertidumbre en el comercio internacional genera cierta volatilidad de precio y uno no sabe realmente; de repente aparece oportunidad y de repente no", comentó, señalando los desafíos que enfrentan los productores para planificar sus costos.
A esto se suma, a su criterio, la disparidad entre los costos y los precios de venta: "Los costos están más altos que hace cinco años y los precios están más bajos que hace cinco años. Esa doble combinación es la que hace que los números estén muy ajustados", advirtió.
A su criterio, la situación evidencia la presión sobre los márgenes de los productores, en un contexto global marcado por la volatilidad y la complejidad del comercio internacional.
Una zafra considerable
La ingeniera agrónoma María Luisa Ramírez, de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco), explicó que la zafra de soja 2024-2025 tuvo resultados dispares debido a las condiciones climáticas adversas, en particular la sequía, que afectó directamente los rendimientos.
Ramírez indicó que la soja tempranera, es decir, la que se sembró y cosechó primero, logró los mejores resultados ya que pudo evitar, en gran parte, los efectos de la falta de lluvias. "La mayor parte de la soja tempranera ya estaba prácticamente definiéndose, se escaparon de la falta de humedad y tuvieron un rendimiento muy bueno", aseguró.
Por su parte, las medianeras, aquellas sembradas y cosechadas en un periodo intermedio, sufrieron el impacto de la escasez de agua, lo que se reflejó en menores rendimientos. Según Ramírez, las tempraneras promediaron unos 3.000 kilos por hectárea, mientras que las medianeras alcanzaron alrededor de 2.000 kilos por hectárea.
En cuanto a las tardías, la situación fue más crítica, con rendimientos promedio de apenas 1.000 kilos por hectárea, afectando el volumen total de la producción de la campaña.
"Esperamos que sea una zafra intermedia; no será excepcional, pero tampoco mala. Prevemos una producción en torno o por encima de los 9.000.000 de toneladas", comentó la especialista.
Ramírez aclaró que, si bien la campaña tenía un alto potencial, enero suele ser un mes determinante que define la trayectoria de la producción de este commoditie. A pesar de ofrecer un estimado de producción, destacó que las variaciones en los rendimientos dificultan realizar proyecciones más precisas.