Campos deben teñirse de maíz para aumentar producción y revolucionar industria del etanol
Paul Fernández Editor de Contenidos
Paul Fernández Editor de Contenidos
Hugo Pastore, Director de la Capeco, mencionó que el maíz está ganando protagonismo tanto a nivel doméstico como internacional, teniendo en cuenta la superproducción del año anterior y lo que se espera para este año, que podría resultar en los mismos niveles del 2025.
Y es que si bien considera que sigue siendo muy temprano para hablar sobre perspectivas, aseguró que los niveles de siembra podrían alcanzar el mismo nivel del año anterior, sin embargo, las condiciones climáticas no están siendo las más aptas para avanzar con el proceso.
“Todavía no se completó la siembra, está faltando un poco de lluvia en las diferentes zonas de producción para que se pueda completar. Y las pocas lluvias que hubo, fueron dispersas todas las precipitaciones que hubo el fin de semana pasado y no alcanzaron a toda la zona de producción”, agregó.
Indicó que las consideraciones son buenas debido a que el año anterior, la producción superó los 6 millones de toneladas. En ese sentido, Pastore dijo que existe un gran potencial para industrializar toda esta producción dado que la demanda interna aumentó de la mano de industrias de etanol que están realizando inversiones en el país.
Sobre el sector, mencionó que está creciendo de forma considerable teniendo en cuenta que existen plantas que ya están operativas, mientras otras se están construyendo. “Realmente hay una tendencia positiva en el sentido de la industrialización aquí a nivel doméstico, tanto para lo que es el consumo interno del etanol, como también para la exportación”, agregó.
En ese punto, Pastore explicó que la presencia de la industria también cumple un rol clave en la comercialización. El maíz destinado a ración animal exige estándares muy específicos de calidad y sanidad, que en campañas afectadas por heladas tempranas pueden verse comprometidos. Allí, la industria del etanol aparece como un amortiguador.
“Si eventualmente hay un problema de calidad, la industria de etanol no tiene inconveniente en consumir igual el producto. Eso ayuda mucho a darle liquidez al grano que viene de los productores”, detalló.
Consultado sobre la posibilidad de escalar la producción, señaló que Paraguay hoy ya cuenta con un excedente exportable importante. Sin embargo, el desafío no es solo abastecer la demanda actual, sino crecer.
“Tenemos que volver a dar un salto en nuestro volumen de producción”, sostuvo. La meta, según indicó, es ambiciosa: llevar la soja hacia un horizonte de 15 millones de toneladas en los próximos años y que el maíz pase de los actuales 5 o 6 millones a unas 10 millones de toneladas.

En el caso de la soja, reconoció que muchas veces la exportación del grano puede resultar más atractiva que el procesamiento local, lo que deja capacidad ociosa en algunas industrias. Pero para Pastore, esa dinámica forma parte de la versatilidad del mercado.
“Si tenemos industrias lo suficientemente competitivas y eficientes, van a poder abastecerse sin problema, porque la producción está”, afirmó. La clave, insistió, es que cada eslabón —exportación o industrialización— termine siendo un buen negocio y deje margen.
La visión, no obstante, va más allá del etanol. Desde el gremio entienden que el proceso debe avanzar hacia la conversión de proteína vegetal en proteína animal, utilizando soja y maíz como base para fortalecer la producción de carne bovina, aviar y porcina. “Es un proceso que tenemos que continuar desarrollando. Ya estamos viendo crecimiento, pero es algo a lo que hay que apuntar”, señaló.
En ese camino, mencionó señales que el sector interpreta como positivas: inversiones en el rubro avícola y porcino, además del regreso de grupos internacionales que vuelven a apostar por el país con nuevas plantas industriales. Para la cadena agroindustrial, cada anuncio de este tipo implica mayor demanda de granos, más integración productiva y más valor agregado dentro de las fronteras.
Pastore evita comparaciones lineales, pero no descarta su potencial. Hoy ya es el segundo cultivo más importante en términos de volumen, con alrededor de seis millones de toneladas, frente a las diez u once millones de la soja. Más atrás quedan arroz y trigo, con cifras cercanas al millón o millón y medio de toneladas.

Sin embargo, advierte que hablar de “sojeros” como si se tratara de un monocultivo es una simplificación. En la misma superficie, el productor alterna soja, maíz, trigo, canola, girasol o cultivos de cobertura que mejoran la materia orgánica del suelo.
Es un ciclo productivo donde cada rubro cumple un rol estratégico. En ese esquema, el maíz no es solo un complemento: es una pieza fundamental para sostener la rotación, la productividad y la estabilidad del sistema.
Si las condiciones acompañan y la inversión industrial continúa, el grano amarillo podría consolidarse no solo como un cultivo de rotación, sino como uno de los motores silenciosos de la economía. Un cultivo que, más allá de los números, empieza a perfilarse como parte central de la próxima etapa de expansión agroindustrial del Paraguay.