Brasil aprieta, Paraguay recibe: la ola de capitales que cruza la frontera en 2026
El sistema tributario brasileño – históricamente caracterizado por su complejidad y elevada presión fiscal – avanzó hacia una mayor simplificación administrativa, pero también incorporó impuestos progresivos sobre rentas altas y dividendos, que hasta entonces estaban exentos.
Según Gustavo Colmán, Tax Managing Partner de EY Paraguay, el objetivo de fondo fue doble: ordenar un sistema ampliamente criticado y elevar la recaudación en una economía que necesita fortalecer sus ingresos fiscales.
El movimiento, sin embargo, tuvo un efecto colateral relevante para la región. La mayor presión impositiva sobre el capital y las rentas en la principal economía sudamericana comenzó a empujar a empresarios e inversores a revisar sus estructuras de localización, residencia fiscal y operación productiva.
Paraguay emerge como una alternativa concreta y creíble. Colmán explica que el país ofrece un diferencial clave: un sistema tributario territorial, que grava únicamente las rentas generadas dentro del país. El régimen permite que inversores extranjeros – y brasileños en particular – no tributen en Paraguay por dividendos u otras rentas obtenidas en el exterior si fijan su residencia fiscal en territorio nacional.
También se suma un marco impositivo simple, con reglas claras y previsibles, que contrasta con el endurecimiento fiscal brasileño. “Ante la creciente presión fiscal de Brasil, Paraguay se posiciona como una opción válida y competitiva”, señala el ejecutivo, destacando que ya está anticipando un aumento de la inversión extranjera directa desde el país vecino.

Más allá del plano personal y patrimonial, el impacto se siente con fuerza en las decisiones empresariales. El régimen de maquila – con exoneración total de impuestos y un gravamen único del 1% sobre el valor agregado – vuelve a ganar protagonismo como plataforma para que empresas brasileñas reubiquen total o parcialmente sus operaciones productivas, sin perder acceso a su mercado doméstico ni al regional.
Colmán subraya que Paraguay ofrece una ecuación difícil de replicar en la región: costos laborales más bajos, energía eléctrica entre las más competitivas de América Latina y estabilidad fiscal y monetaria. El sistema paraguayo está impulsando no solo la manufactura, sino también sectores como el inmobiliario, la logística, los servicios y, más recientemente, la minería de criptoactivos.
El avance de Brasil hacia una mayor carga fiscal sobre el capital modifica el equilibrio tributario del Mercosur. Para Colmán, Paraguay ya venía captando capital extranjero, pero la reforma brasileña acelera y amplifica esa tendencia.
La relocalización de fases productivas, impulsada por la necesidad de mantener competitividad, no solo beneficia a los inversores; también fortalece el tejido productivo local, dinamiza cadenas de valor y amplía la base económica del país.
El mayor flujo de inversiones trae consigo efectos multiplicadores. Colmán destaca que una mayor entrada de capital impulsa el desarrollo de infraestructura, capacidades productivas y un ecosistema empresarial más robusto. Al mismo tiempo, el flujo de capital mejora la imagen internacional de Paraguay como plaza confiable para hacer negocios.
No obstante, la previsibilidad regulatoria, la seguridad jurídica, la estabilidad macroeconómica y fiscal, y la capacidad de competir con otros países que también buscan atraer capital serán determinantes para consolidar este posicionamiento en el largo plazo.