Macarena Duarte Periodista
La odontología estética atraviesa uno de los momentos de mayor crecimiento de las últimas décadas. Impulsada por la influencia de las redes sociales, la exposición constante de la imagen personal y una mayor preocupación por el bienestar integral, cada vez más personas recurren a tratamientos destinados a mejorar la apariencia de su sonrisa.
Sin embargo, detrás de esta tendencia también surge un desafío para los profesionales, quienes más que nunca deben comenzar a orientar a los pacientes hacia procedimientos realmente necesarios y evitar que las modas digitales se impongan sobre los criterios clínicos.
Para la odontóloga especialista en estética y rehabilitación, Dra. Marilia Da Costa, el interés por este tipo de tratamientos forma parte de un fenómeno más amplio que trasciende a la salud bucal. Según explica, la búsqueda de mejoras estéticas se observa actualmente en múltiples especialidades vinculadas a la imagen personal.
Más allá de la apariencia, la profesional sostiene que los cambios que experimentan los pacientes suelen ser mucho más profundos. La transformación estética frecuentemente se refleja en aspectos relacionados con la confianza, la comunicación y las relaciones sociales.
“Muchas veces llegan pacientes retraídos, que hablan poco y evitan sonreír. Es algo que observamos con frecuencia. Después del tratamiento vemos una transformación que va más allá de los dientes: sonríen más, se muestran más seguros y hasta cambian su manera de relacionarse con los demás. La autoestima mejora notablemente”, explicó Da Costa.
El impacto de la sonrisa
La Dra. Da Costa puntualizó que la sonrisa influye en numerosos ámbitos de la vida cotidiana, desde una entrevista laboral hasta las relaciones personales. Por ello, el impacto emocional de una rehabilitación estética suele ser tan significativo como los resultados visibles que se obtienen en el consultorio.
Entre los procedimientos más solicitados actualmente figuran los blanqueamientos dentales y las carillas estéticas. Estas últimas consisten en finas láminas de porcelana o reconstrucciones de resina que se colocan sobre la superficie visible de los dientes para corregir color, forma o pequeñas imperfecciones. Sin embargo, la especialista advierte que el creciente protagonismo de estos tratamientos también ha generado una demanda que, en muchos casos, no responde a necesidades reales.
“Las carillas son excelentes tratamientos cuando están indicadas correctamente, pero hoy existe una verdadera fiebre por la odontología estética. Muchos pacientes llegan pidiendo específicamente carillas porque las vieron en redes sociales, aunque clínicamente no las necesiten. Esto ocurre especialmente en personas jóvenes que tienen dientes sanos y podrían resolver sus inquietudes con procedimientos mucho menos invasivos”, señaló.
La diferencia, indicó, radica en que las carillas requieren un desgaste mínimo del esmalte dental para su colocación, por lo que no deberían considerarse una solución universal aplicable a todos los casos. Cada paciente presenta condiciones particulares que deben ser evaluadas individualmente.
La odontología hoy en día
La odontología moderna no se limita únicamente a la apariencia y, sobre el punto, la Dra. Da Costa enfatizó que la función sigue siendo el principal objetivo de cualquier rehabilitación. Con frecuencia, los pacientes llegan preocupados por un problema visible en los dientes anteriores, mientras existen alteraciones funcionales más complejas que también requieren atención.
“Nosotros no buscamos solamente una sonrisa bonita. Lo más importante es devolver la función. Hay pacientes con dientes desgastados, fracturados o ausentes que quieren corregir únicamente lo que se ve, pero primero debemos restablecer una mordida adecuada, la capacidad de masticar correctamente y el equilibrio de toda la estructura bucal”, apuntó.
Dentro de las innovaciones que han ganado terreno en los últimos años aparecen los alineadores invisibles. Estas placas transparentes permiten corregir la posición dental sin necesidad de utilizar los tradicionales brackets metálicos. Según la especialista, una amplia mayoría de los pacientes puede beneficiarse de este tipo de tratamiento, que además suele integrarse a los planes de rehabilitación estética más completos.
La evolución tecnológica también transformó los procedimientos de reposición dental, atendiendo que los implantes, por ejemplo, permiten reemplazar piezas perdidas sin necesidad de desgastar dientes vecinos, una práctica que décadas atrás era habitual mediante la colocación de puentes dentales.
Sin embargo, junto con los avances tecnológicos crecen también los riesgos asociados a la desinformación. Las redes sociales se han convertido en una fuente permanente de contenidos relacionados con tratamientos odontológicos, consejos de belleza y productos de venta online. Para Da Costa, esto representa una herramienta valiosa de difusión, pero también una fuente potencial de errores.
La especialista alerta especialmente sobre el uso de productos blanqueadores adquiridos por internet sin supervisión profesional. Entre ellos menciona pastas dentales altamente abrasivas y otros artículos promocionados como soluciones rápidas para aclarar el color de los dientes, los cuales en realidad terminan dañando el esmalte dental.
Las claves de una buena salud bucal
En materia de prevención, la recomendación sigue siendo sencilla y contundente, de acuerdo con la Dra. Da Costa: higiene diaria adecuada y controles periódicos. El cepillado correcto, el uso de hilo dental y las limpiezas profesionales cada seis meses continúan siendo las herramientas más efectivas para preservar la salud bucal a largo plazo.
Además, la Dra. Da Costa destacó que las rehabilitaciones odontológicas tienen un impacto mucho más amplio de lo que suele percibirse. La pérdida de dientes o una mordida incorrecta no solo afectan la estética, sino también la masticación, la pronunciación de palabras, el funcionamiento de la articulación temporomandibular y hasta la aparición de dolores musculares y cefaleas.
Por ello, sostiene que una correcta rehabilitación no debe entenderse únicamente como una mejora visual, sino como una intervención integral capaz de recuperar funciones esenciales y mejorar significativamente la calidad de vida de las personas.