Carolina Sosky, fundadora de MyLife y especialista en nutrición funcional enfatizó que una buena nutrición es clave para un ejecutivo porque optimiza la función cerebral, mejora la concentración y la toma de decisiones. Además, estabiliza la energía y el estado de ánimo, reduciendo el estrés y la fatiga mental
"El cerebro es el órgano con mayor demanda energética del cuerpo; utiliza alrededor del 20% de la glucosa total. Un cerebro bien nutrido piensa más rápido, regula mejor las emociones y mantiene la motivación estable, tres factores críticos en entornos de liderazgo", puntualizó.
Un desequilibrio en la alimentación, ya sea por exceso de azúcares simples o por ayunos prolongados, puede traducirse en fatiga mental, irritabilidad o lentitud cognitiva. En cambio, una dieta rica en nutrientes como omega-3, magnesio, zinc y vitaminas del grupo B favorece la síntesis de neurotransmisores esenciales para la concentración y la motivación.
No obstante, la especialista observa que los ejecutivos tienden a repetir ciertos errores: saltarse el desayuno, abusar del café o de las bebidas energéticas, comer con distracción frente a pantallas y recurrir a alimentos ultraprocesados.
Así, sostuvo que el denominador común es la desconexión con las señales internas del cuerpo, como el hambre, la saciedad y la energía. Advirtió que esa desconexión genera un círculo de agotamiento físico y mental.
Cómo adaptarse
Para revertir las irregularidades nutricionales, Sosky propone adoptar una alimentación antiinflamatoria que priorice la estabilidad energética. Recomienda incluir proteínas en cada comida, como huevo, pescado, legumbres y carnes magras, y combinarlas con grasas saludables y carbohidratos de bajo índice glucémico, como quinoa, avena o frutas enteras.
"El objetivo no es comer menos, sino alimentar al cerebro y al sistema nervioso para sostener la claridad durante todo el día. El cuerpo y el cerebro responden a ritmos circadianos; entonces, desayunar en las primeras dos horas tras despertar ayuda a regular la glucosa y el cortisol, lo que se traduce en mejor foco y toma de decisiones", enfatizó.
Por ello, resulta primordial no saltarse las comidas y tampoco desayunar tarde, pues el horario y la frecuencia de las comidas son determinantes.
En cuanto a la vida ejecutiva, donde el tiempo suele escasear, la nutricionista recomienda estrategias prácticas: snacks inteligentes (frutos secos, hummus con vegetales, barritas naturales), hidratarse antes del café y aplicar el mindful eating, o comer con plena atención.
Incluso diez minutos sin multitasking marcan la diferencia en cómo el cuerpo percibe la saciedad y en la energía posterior, a decir de la profesional. Sin embargo, Sosky insistió en que el bienestar no se reduce a la dieta, pues factores como el sueño reparador, el movimiento diario y la gestión emocional son igual de importantes.
"La privación de sueño puede reducir hasta un 30% la eficiencia cognitiva. Y el estrés sostenido, que consume glucosa cerebral, es uno de los mayores saboteadores del rendimiento. Cuando un ejecutivo aprende a cuidar su energía, no solo mejora su rendimiento personal: también impacta en su equipo, en su cultura corporativa y en su capacidad de inspirar", apuntó