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El tenis paraguayo estalla con una nueva generación de talento

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Con presencia que roza el Top 100 del ranking mundial, un financiamiento 75% privado y una infraestructura por encima de estándares regionales, el tenis paraguayo atraviesa su tercer gran ciclo histórico.

24 Febrero de 2026 08.00

La historia del tenis paraguayo puede leerse como una secuencia de ciclos que marcaron hitos deportivos e institucionales. El primero tuvo nombre propio: Víctor Pecci, el jugador que no solo compitió en la élite internacional, sino que abrió clubes y despertó vocaciones en todo el país. El segundo fue la etapa encabezada por Ramón Delgado, que devolvió a Paraguay al mapa competitivo y sostuvo la proyección exterior. 

Hoy, sostiene Julio Ferrari, Presidente de la Asociación Paraguaya de Tenis (APT), el país atraviesa lo que él mismo interpreta como el “tercer ciclo histórico del tenis paraguayo”.

Actualmente, el tenis masculino vive, en sus palabras, “un momento de consolidación, con un proyecto muy lindo”. Hay un jugador que se acerca al Top 100 y una camada joven que empieza a empujar desde abajo. No es solo talento individual; es una estructura más organizada que en décadas anteriores. 

Por otro lado, el tenis femenino, después de etapas más fructíferas, atraviesa una renovación profunda. La apuesta está en las nuevas generaciones y en reconstruir competitividad con paciencia estratégica.

Los números ayudan a dimensionar el punto de partida. El país cuenta con cerca de 1.000 tenistas de alto rendimiento y alrededor de 5.000 jugadores amateurs en clubes. Para Ferrari, la cifra es insuficiente. 

“Cuando uno hace el análisis de probabilidades de éxito, es un tema matemático”, advierte. Argentina ronda los 25.000 federados; Francia supera los dos millones. La conclusión es directa, “necesitamos ampliar la pirámide”, mantiene.

Julio Ferrari
Julio Ferrari, Presidente de la Asociación Paraguaya de Tenis

El tenis como actividad económica, no solo deportiva

La mayor parte de los jugadores paraguayos se concentran en Asunción y el área metropolitana. Por lo tanto, uno de los ejes más evidentes consiste en “desmonopolizar el tenis”. La APT trabaja con clubes sociales y comunidades del interior, capacitándolos para organizar torneos y gestionar competencias. 

No se trata únicamente de formar jugadores, sino de activar economías locales. “Es muy barato hacer torneos de fin de semana y uno tiene más socios gracias a eso”, explica Ferrari. El mensaje es simple, el tenis puede ser una herramienta de desarrollo institucional. A su vez, expandir la base tenística no es un discurso romántico, sino una decisión que impacta en la probabilidad estadística de producir élite.

El tenis paraguayo funciona bajo un esquema híbrido. Entre 20% y 25% de los recursos provienen del sector público, mientras que el 75% es financiamiento privado. Dentro de ese segmento, una parte corresponde a sponsors locales y otra a organismos internacionales.

Ferrari explica la preferencia en la APT hacia competiciones supranacionales: “Nos gusta mucho hacer eventos internacionales”, porque permiten generar excedentes y reinvertirlos en el desarrollo junior. La lógica es circular: atraer competencias, capitalizar el remanente y volver a sembrar en la base.

Paraguay alberga torneos como la Copa Davis y la Billie Jean King Cup, además del Paraguay Open —un torneo de rango Challenger de US$ 75.000 impulsado por el sector empresarial—. Para el dirigente, el modelo ideal consiste en una APT que se concentra en formar talentos y el sector privado en organizar torneos profesionales —una alianza donde cada actor juega su partido.

En términos de eficiencia presupuestaria, el tenis ofrece una ventaja comparativa. Con US$ 25.000 a US$ 50.000 anuales, una marca puede sostener varios torneos junior internacionales y lograr visibilidad regional.

Invertir antes de que el talento se quiebre

Competir en Sudamérica es costoso. Un jugador de 14 o 15 años puede gastar US$ 25.000 al año en viajes; a los 18, esa cifra puede trepar a US$ 40.000 o US$ 45.000. Una gira regional ronda los US$ 6.000. Mientras tanto, en Europa los traslados se resuelven en tren o vuelos de bajo costo.

“Es muy caro para un paraguayo ir a jugar a Ecuador o a Chile”, resume Ferrari. La respuesta es traer el circuito al país. Cuantos más torneos se disputen en casa, mayores serán las posibilidades de sumar puntos, experiencia y confianza sin asfixiar financieramente a las familias.

Desde los 13 años, los jugadores con mayor proyección reciben becas y apoyo económico. En coordinación con el Comité Olímpico Paraguayo y la Secretaría de Deportes, se consolidó un equipo multidisciplinario que incluye médicos, psicólogos, nutricionistas y preparadores físicos.

Hasta los 18 años, la preparación de alto rendimiento está prácticamente subvencionada. El cuello de botella sigue siendo el viaje. Allí, los padres continúan siendo socios silenciosos del sistema.

El caso de Dani Vallejo sintetiza el modelo. Con respaldo federativo, apoyo olímpico y patrocinadores nacionales e internacionales, se acerca al equilibrio competitivo. Ferrari lo describe como “un caso éxito”, aunque aclara que no todos logran estructurar el mismo andamiaje financiero.

Daniel Vallejo
Dani Vallejo, cuya progresión hacia el Top 100 ATP y su rol en la Copa Davis reflejan la madurez competitiva del tenis paraguayo

Cómo consolidar la competencia

En materia de instalaciones, Paraguay no arrastra déficits estructurales. El Parque Olímpico y el complejo de la Asociación Paraguaya de Tenis cuentan con certificaciones internacionales y múltiples superficies. 

La brecha, según Ferrari, es densidad competitiva. Históricamente, el país produjo figuras individuales, pero, “nuestro desafío es conseguir número dos y número tres”, admite, al hablar de Dani Vallejo y la Copa Davis. Sin un núcleo amplio de jugadores en el circuito, la presión recae sobre un solo nombre.

Si la técnica y la preparación física ocupan un lugar central, la mente define el desenlace. “Yo te diría que el 50% definitivamente es mental”, declara Ferrari. El tenis es un deporte donde uno gana y cientos pierden

“Uno sale campeón y el que llega segundo está súper triste; imaginate el resto”, grafica. Normalizar la derrota y sostener la motivación forman parte del entrenamiento tanto como el saque o el revés.

Asimismo, la familia cumple un rol clave en la formación del tenista; sin acompañamiento adecuado, la presión acumulada termina erosionando carreras. A diferencia de otros deportes, el ranking obliga a defender puntos año tras año, y el margen para frustrarse es permanente.

En la era digital, el jugador también es un producto. Ferrari alienta a los atletas a construir su identidad como embajadores del país. La marca personal no es vanidad; al contrario, Ferrari explica que "es fundamental, hoy todos los deportistas son modelos a seguir, y las marcas le van a apoyar en la medida que son ejemplos". 

Las redes sociales amplifican virtudes y errores. La coherencia entre conducta, discurso y rendimiento se transforma en un activo reputacional que impacta directamente en el interés de las marcas. 

Una vara que ya no baja

Más allá del tenis, Ferrari observa un fenómeno más amplio. Paraguay organizó mega eventos que hace quince años parecían improbables. “Hay una puerta que ya no se va a cerrar”, asegura.

Un mismo equipo técnico gestiona competencias en distintas disciplinas, acumulando experiencia y reduciendo errores. La curva de aprendizaje se acelera, y el objetivo final consiste en consolidar una industria deportiva capaz de operar con 100% mano de obra paraguaya.

El tenis paraguayo ya no depende exclusivamente de la aparición esporádica de un talento extraordinario. La infraestructura está presente, el financiamiento encontró equilibrio y la ambición es de largo aliento. El siguiente paso no será descubrir un nuevo fenómeno, sino construir las condiciones para que deje de ser una excepción.

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