La historia de Tupi no es la de un crecimiento explosivo ni la de un “golpe de suerte”. Es, más bien, el resultado de una acumulación paciente de decisiones estratégicas, muchas de ellas tomadas cuando el mercado todavía no las pedía.
Desde sus inicios en 1996 como una pequeña tienda de electrodomésticos, hasta la reciente inauguración de un marketplace físico-digital de 26.000 m², la empresa fue construyendo una lógica propia de expansión, siempre empujada por una lectura anticipada del comportamiento del consumidor.
Cuando Carolina Riveros comenzó a trabajar en Tupi, a finales de los años noventa, el negocio funcionaba en un terreno de apenas 365 m². El crecimiento inicial fue orgánico y territorial: comprar el lote de al lado, luego el de atrás, después el del frente.
Cada ampliación respondía a una necesidad concreta: más clientes, más productos, más circulación. Sin embargo, aun con varios terrenos unificados, el formato tradicional empezaba a quedar chico frente a una demanda que ya no se explicaba sólo por el tráfico físico.
La apuesta digital
El verdadero punto de inflexión llegó lejos del salón de ventas. En 2006, cuando el comercio electrónico era todavía incipiente en Paraguay, Tupi decidió invertir en una página web propia.
No había técnicos especializados en el país ni referencias claras de éxito, pero la convicción era que el internet terminaría siendo un canal central, no accesorio. Aquella apuesta temprana se transformó, con el tiempo, en una ventaja estructural.
La validación llegó cuando la empresa comenzó a vender productos que no formaban parte de su ADN original. Perfumes, luego calzados y otras categorías empezaron a tener una rotación inesperada en la web, al punto de agotar el stock de proveedores.
El mensaje del mercado fue contundente: el cliente confiaba en la marca más allá del rubro. Tupi ya no era solo una casa de electrodomésticos; se estaba convirtiendo en una plataforma de consumo.
Ese éxito digital trajo consigo una nueva tensión. Los clientes veían productos online y llegaban al local esperando encontrarlos físicamente. La respuesta —“eso es solo web”— empezó a volverse insuficiente.
Fue entonces cuando la empresa entendió que el próximo paso no era agrandar una tienda, sino crear un espacio completamente distinto, capaz de integrar el mundo físico con la lógica infinita del e-commerce.
El nacimiento del marketplace
Así nació el concepto del nuevo Tupi Marketplace, inaugurado el 23 de diciembre de 2025, un complejo de cinco niveles (cuatro comerciales más un subsuelo), con 2.200 m² por piso, un centro logístico propio y una inversión total que asciende a US$ 50 millones. Lejos de replicar un shopping tradicional, el proyecto fue concebido como un ecosistema donde conviven marcas, servicios, tecnología y experiencia.
La propuesta rompe con varias reglas del retail clásico. No se trata de llenar metros cuadrados con producto, sino de crear espacios amplios, exhibiciones selectivas y soporte digital para acceder a todo el catálogo.
Los llamados “pasillos infinitos” —pantallas de gran formato distribuidas en los pisos— permiten al cliente explorar modelos, colores, versiones y opciones de financiamiento, integrando la compra física con la profundidad del canal online.
Escala, logística y profesionalización
El modelo de negocio también se aparta del esquema tradicional. Las marcas no alquilan locales: traen sus productos, Tupi los comercializa y les factura al contado.
Esto reduce barreras de entrada, acelera la rotación y convierte al marketplace en una vitrina tanto para grandes marcas como para emprendedores, artistas y productores nacionales que ahora pueden vender en un espacio premium y, al mismo tiempo, estar disponibles 24/7 en la web.
La escala logística es otro de los pilares del proyecto. El centro de distribución, ubicado detrás del edificio principal, opera con tecnología AutoStore, capaz de entregar productos en menos de dos minutos. Esta infraestructura sostiene una de las ventajas competitivas más claras frente a plataformas internacionales: entrega inmediata.
A diferencia de Amazon u otros marketplaces globales, Tupi capitaliza la cercanía y la disponibilidad, sumando además un horario extendido de lunes a lunes, de 09:00 a 21:00, que permite comprar y retirar cualquier producto del ecosistema en un solo punto.
El crecimiento, sin embargo, no fue solo físico ni tecnológico. También implicó una transformación profunda en la gestión. Durante años, el negocio dependió casi exclusivamente de sus fundadores, hasta que una enfermedad grave obligó a delegar funciones de manera abrupta.
Aquella experiencia marcó un antes y un después: los gerentes sostuvieron la operación, optimizaron procesos y demostraron que la profesionalización no solo era posible, sino necesaria para seguir creciendo.
Hoy Tupi cuenta con un directorio de cinco personas y 35 gerentes, una estructura comparable a la de grandes grupos empresariales. La empresa emplea a más de 1.000 personas de manera directa, además de una amplia red de colaboradores independientes en áreas como logística, atención digital y servicios tercerizados.
De una decena de empleados en sus inicios, pasó a convertirse en uno de los mayores generadores de empleo del sector.
Un punto de partida, no de llegada
Los números acompañan la ambición. En los primeros días de operación del marketplace, se registraron ventas de alrededor de 5.000 SKU diarios, con una afluencia constante de público y una mezcla de productos de bajo ticket y bienes de alto valor.
El proyecto todavía está en fase de ajuste: faltan habilitar ascensores, terminar áreas gastronómicas, completar espacios comerciales y afinar procesos internos. La estrategia de comunicación también avanza de forma gradual, priorizando primero la operación antes que el ruido mediático.
No obstante, más que un hito final, el marketplace aparece como el primer capítulo de una etapa mucho más ambiciosa. En Tupi lo entienden como un punto de partida: una infraestructura pensada para probar, escalar y aprender antes de dar el siguiente salto.
La magnitud del proyecto, la inversión realizada y la integración entre lo físico y lo digital funcionan como una base sobre la cual ya se proyectan desarrollos de mayor alcance, aún en proceso de maduración.
Cada expansión nunca fue un destino, sino un trampolín, y todo indica que este nuevo formato es apenas el comienzo de una transformación más profunda que volverá a reconfigurar el negocio en los próximos años.
La historia de Tupi demuestra que el tamaño no se construye de golpe, sino capa por capa. El recorrido siempre estuvo marcado por una constante: leer antes, invertir antes y transformar antes. Y si algo deja claro este nuevo proyecto es que, para la compañía, el futuro del retail paraguayo todavía tiene varios pisos más por construir.