En los pasillos de los supermercados paraguayos se está gestando una transformación silenciosa, pero profunda. Lo que antes era dominio de productos importados, hoy muestra una realidad distinta: la industria nacional no solo ganó espacio, sino también protagonismo en la decisión de compra.
El negocio supermercadista, que concentra cerca del 50% del mercado incluyendo mayoristas y otros actores, funciona como un termómetro del consumo. Y en ese escenario, las góndolas dejaron de ser solo un espacio de exhibición para convertirse en el reflejo de una economía que empieza a mirarse a sí misma.
Según Gustavo Lezcano, Presidente de la Cámara Paraguaya de Supermercados (Capasu), Durante décadas, Paraguay tuvo una fuerte dependencia de productos del exterior, especialmente en los años 90, cuando el consumidor asociaba calidad con importación. Sin embargo, el desarrollo industrial, la mejora en procesos y una mayor competitividad comenzaron a modificar esa lógica.
Sin embargo, considera que, hoy, el consumidor paraguayo no solo elige productos locales por precio, sino también por calidad, presentación y disponibilidad. La evolución del packaging, la inversión en marca y la profesionalización de la industria jugaron un rol clave en este proceso.
“Hoy prácticamente, según los últimos estudios, el 75% de lo que consume un paraguayo es producto nacional. Antes, en los 90, era al revés: el 80% era importado”, explicó Lezcano.
Sostuvo que este cambio también redefine la dinámica dentro de los supermercados, teniendo en cuenta que las góndolas se volvieron más competitivas, con marcas nacionales disputando espacios estratégicos y buscando posicionarse frente a un consumidor cada vez más informado.
Indicó que, en ese escenario, el rol de los distribuidores locales se vuelve clave, dado que no solo facilitan la llegada del producto al punto de venta, sino que también aseguran su presencia, reposición y visibilidad, elementos determinantes para sostenerse en el tiempo.
En ese sentido, sostuvo que el supermercado deja de ser un simple canal de venta para convertirse en una vitrina donde se define el éxito o el fracaso de un producto. La competencia ya no es solo entre categorías, sino dentro de cada una, donde conviven múltiples marcas con propuestas similares.
Consideró que, a esto se suma un consumidor más exigente, influenciado por tendencias globales, redes sociales y nuevas formas de consumo. La información hoy circula más rápido, y eso impacta directamente en la decisión frente a la góndola.
“El supermercado es una vidriera. En una misma categoría compiten productos líderes con otros menos conocidos que buscan su oportunidad. Ahí es donde la distribución y la presencia hacen la diferencia”, señaló Lezcano.
Reducción del contrabando
Agregó que el crecimiento de la industria nacional también está ligado a factores externos. En ese sentido, menciona la reducción del contrabando en los últimos años y la menor diferencia de precios con mercados como Argentina contribuyeron a equilibrar el escenario y favorecer el consumo interno.
Además, dijo, que el desarrollo de nuevos formatos de compra, como las tiendas de conveniencia y los mayoristas, generó una diversificación en los hábitos, pero no desplazó al supermercado tradicional, que sigue siendo el espacio donde se consolida la marca.
Sin embargo, para él, el desafío no termina en llegar a la góndola, sino en mantenerse en ella es el verdadero reto. La rotación, el precio y la estrategia comercial son determinantes en un entorno donde cada metro cuadrado tiene un valor crítico.
En ese contexto, mencionó que la industria nacional no solo compite, sino que aprende a jugar con las mismas reglas que las grandes marcas internacionales, apostando a volumen, posicionamiento y fidelización.
“Lo más difícil no es entrar al supermercado, sino mantenerse. Un producto tiene entre 60 y 90 días para demostrar que funciona. Si no rota, pierde su lugar”, advirtió el titular de Capasu.
Lezcano sugirió que la consolidación de los productos nacionales en las góndolas no es solo un logro comercial, sino también un indicador de madurez económica. Refleja una industria que creció, se profesionalizó y entendió que competir no es solo cuestión de precio, sino de propuesta de valor.
En definitiva, indicó que lo que hoy muestran las góndolas paraguayas es más que una oferta diversa: es el reflejo de un país que empezó a producir, consumir y confiar en lo propio.