Hace siete años, Cándido Barua inició su incursión en la producción de pitaya, o Fruta del Dragón, con sus primeras semillas. Hoy su emprendimiento cuenta con 12.000 plantas y produce entre 10.000 y 18.000 frutos por temporada, que se extiende de noviembre a mayo.
Ahora, su gran aspiración es exportar a países vecinos, una meta que persigue en colaboración con el Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senave), aunque reconoció que el mayor desafío es hacer frente al contrabando.
La decisión de Barua de cultivar pitaya nació a partir de una circunstancia personal, una enfermedad del corazón le dejó secuelas y un pariente le recomendó el consumo de esta fruta.
"Tuvo resultados positivos en mi salud, así que decidí empezar a producirla", relató. Incluso a la fecha Barua regala frutas hasta para un mes de consumo a personas que tengan problemas con la diabetes, colesterol o del corazón.
Para dar sus primeros pasos, adquirió los plantines de una comunidad oriental y luego incorporó variedades importadas de Brasil, con el objetivo de diversificar su producción.
Mercado en expansión y alta calidad
En el mercado local, Barua logró posicionarse con una oferta de alta calidad. "Yo proveo frutas a todos los supermercados. Prácticamente todos compran mi producción", afirmó, respaldado por la alta calidad de sus cultivos.
Para él, la rentabilidad del negocio es visible, "las personas prefieren la producción nacional", destacó. En este sentido, resaltó que el respaldo del Senave es la piedra angular en el proceso productivo y en la colocación de la fruta en el mercado.
"Ellos me apoyan porque es la primera vez que ven este tipo de plantación", aseguró.
En cuanto al precio de la pitaya en Paraguay oscila entre G. 100.000 y G. 200.000 por kilogramo, dependiendo del mercado. Barua enfatizó la formalidad de su negocio y la importancia de cumplir con todas las regulaciones. "A los interesados en adquirir las frutas o plantines, yo les entrego factura legal", aseguró.
La mirada en el exterior
Si bien el mercado local responde de manera favorable, la expansión internacional es el siguiente paso. Pero el productor reconoció que el principal desafío es el contrabando.
Para Barua, la calidad de su producto es una ventaja competitiva. "En la región no encontré un cultivo de la misma calidad, solo en Centroamérica, ni siquiera en Brasil", finalizó.
Con producción y respaldo institucional por parte de la Senave, Barua mencionó que apunta a consolidar la pitaya a nivel nacional con la mirada en mercados internacionales.