La base de la rotación de cultivos en Paraguay es clara: mantener siempre el suelo cubierto. Así lo explicó Hugo Pastore, director ejecutivo de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco), al detallar las decisiones que toman los productores para elegir cultivos alternativos a la soja.
"Todo esto tiene base en que el suelo siempre esté cubierto por un cultivo para mantener el sistema de siembra directa. Esa es la base fundamental", señaló Pastore.
El maíz se posiciona como el principal cultivo de rotación por su rentabilidad y su aporte en materia orgánica. También se recurre al trigo, sobre todo en zonas como Caaguazú, Alto Paraná y Campo 9, donde hay tradición en su cultivo.
Otras opciones menos extendidas, pero igualmente importantes, son la canola, el girasol, la avena y cultivos de cobertura como el nabo forrajero, el lupino y el sorgo.
Decisión agronómica, económica y logística
La elección del cultivo no responde solamente a factores técnicos. Pastore explicó que entran en juego variables como el tipo de suelo, la presencia de malezas y también aspectos logísticos.
En el caso del maíz, su cosecha suele coincidir con un momento en que los silos ya están vacíos tras la salida de la soja.
"Cuando llega la hora de la cosecha del maíz ya se ha podido enviar buena parte de la soja, entonces los silos pueden volver a recibir ese maíz", explicó.
El trigo y la canola, por su parte, se adaptan mejor a climas frescos y templados, siendo ideales para la rotación invernal. En cambio, el girasol compite en calendario con la soja, lo que limita su expansión.
Cultivos de renta y cobertura
Entre los cultivos alternativos, los que tienen mayor peso económico son el maíz, el trigo, la canola, el girasol y el sorgo. Estas especies se comercializan activamente y ofrecen una rentabilidad adicional al productor.
"Estamos hablando de maíz, trigo, canola, girasol y sorgo como cultivos de renta. La avena también, en alguna proporción", detalló Pastore.
En contraste, los cultivos de cobertura como el nabo o el lupino no se cosechan, pero cumplen un rol esencial en la regeneración del suelo y la producción de materia orgánica.
Canola y girasol: pequeña superficie, gran calidad
Aunque su superficie sembrada aún es limitada, entre 50.000 y 60.000 hectáreas según Capeco, la canola y el girasol despiertan interés por la calidad de su aceite y sus derivados.
"Son cultivos que tienen mucha aceptación en los mercados. El aceite de canola y el de girasol son de alta calidad", destacó Pastore.
Además, el pellet resultante de estos cultivos representa una fuente nutricional atractiva para la ganadería, ampliando su potencial económico.