En poco más de treinta años, Paraguay experimentó una transformación silenciosa pero profunda en la estructura de su economía. Lo que en 1991 era un país con fuerte dependencia del sector primario y un incipiente proceso industrial, se convirtió en 2025 en una economía donde los servicios marcan el ritmo del crecimiento y la inversión extranjera juega un rol cada vez más decisivo. La evolución de la participación sectorial en el PIB lo resume con claridad: el sector primario cayó de 16,1% en 1991 a 11% en 2024; el sector secundario se mantuvo sorprendentemente estable, pasando de 36,6% a 32,2%; mientras que los servicios crecieron de 41,4% a 48,7%, convirtiéndose definitivamente en la columna vertebral de la actividad económica.
La transición, sin embargo, no es un fenómeno espontáneo. Los cambios responden a decisiones de política pública, a cambios demográficos de gran magnitud y a un entorno global que exigió adaptarse y modernizarse. Uno de los elementos que más incidió en esta transformación fue la política fiscal. La reducción de la carga impositiva, que bajó del orden del 30% a apenas el 10%, generó un efecto dinamizador que Stan Canova, Consultor en M&A Inversiones, describe con precisión: "El bajar de 30% a 10% creó el efecto Curva de Laffer y es hoy una bandera para la captación de inversión extranjera directa". El giro impositivo no solo amplió la base contributiva, sino que aceleró la formalización, apoyada en los últimos años por sistemas digitales que reemplazaron al papel. "Las recaudaciones han ido en constante aumento gobierno a gobierno gracias a los incentivos a la formalización y al uso de tecnología", agrega.
El cambio impositivo que abrió una nueva etapa de crecimiento
El clima tributario favorable se convirtió también en un ancla para atraer inversión extranjera directa (IED). Entre 2008 y 2024, Paraguay acumuló US$ 10.395 millones en IED, con Brasil, Estados Unidos y Países Bajos como los principales inversores. Comercio, servicios financieros, elaboración de aceites, transporte y comunicaciones fueron los rubros más dinámicos. La segunda mitad de la década de 2010, sin embargo, mostró una desaceleración. "Hubo un decrecimiento importante: en los últimos tres años el promedio fue de apenas USD 896 millones", apunta Canova, quien advierte que el potencial del país sigue estando por encima de esos valores.
A este proceso se le sumó un factor demográfico clave. El bono demográfico - una proporción históricamente alta de población en edad de trabajar - amplió la fuerza laboral y alimentó el círculo virtuoso del consumo, el ahorro y la inversión. Como señala Canova, "el aumento productivo y laboral trajo más ahorro, más consumo y más crédito, porque hay más personas en edad de trabajar". El impulso poblacional contribuyó a sostener la actividad interna y a diversificar el aparato productivo.
La internacionalización del mercado y el ascenso del sector servicios
Pero quizás el cambio más visible, y que explica con mayor claridad el ascenso del sector servicios, es la internacionalización acelerada del mercado paraguayo. La presión competitiva global obligó a modernizar procesos, adoptar nuevas tecnologías y conectar con mercados lejanos. "La globalización representa competencia entre pares y la facilidad de llegar a un buyer persona a más de 5.000 kilómetros gracias a la tecnología", describe Canova. Esa apertura no solo elevó el volumen de servicios, sino que impulsó su sofisticación. Se expandieron las finanzas, la logística, el comercio digital y los servicios profesionales, cada vez más adaptados a estándares internacionales. La lógica es similar a la de cualquier mercado global exigente, donde solo sobreviven quienes mejor se adaptan. "No sobreviven las empresas más grandes, sino las que mejor se ajustan a su entorno", recuerda, aludiendo a casos emblemáticos como Nokia, Kodak o Blackberry.
La mayor integración global también aumenta la exposición a shocks externos. A lo largo de estas décadas, episodios como la caída de Lehman Brothers en 2008, la crisis deudora griega, el conflicto ruso-ucraniano o la guerra comercial entre Estados Unidos y China no golpearon directamente a Paraguay, pero sí generaron efectos indirectos. Un ejemplo fue la escalada del precio del petróleo en 2022 tras el estallido de la guerra en Ucrania, que presionó sobre combustibles y la canasta básica. Más recientemente, la política arancelaria estadounidense generó un debilitamiento del dólar en América Latina. "Esta guerra tarifaria ha engendrado un dólar débil en la región, y por eso vemos valores no esperados ni por el Banco Central del Paraguay", explica Canova.
Los desafíos que definirán la próxima etapa
Para consolidar y acelerar la siguiente etapa de transformación, el país debe atender obstáculos que frenan su competitividad internacional. El primero es la limitada red de acuerdos que eviten la doble imposición de impuestos. "La carga para dar servicios internacionalmente desde Paraguay sigue siendo alta; si eso se corrige, Paraguay sería un macrohub de servicios digitales", sostiene. El segundo es la falta de libertad plena en la circulación de capitales, especialmente cuando inversiones desde Paraguay enfrentan deducciones relevantes en los países de origen, incluso dentro del Mercosur.
La estructura del PIB describe lo que Paraguay es hoy y lo que está en condiciones de convertirse mañana. Los servicios gradualmente protagonizan la economía, pero el desafío es que esa expansión esté acompañada por innovación y una integración internacional más profunda. Si esas piezas se alinean, las próximas tres décadas pueden ser tanto o más transformadoras que las que quedaron atrás.