Durante décadas, la abundancia de energía hidroeléctrica permitió operar con holgura, exportando excedentes y sosteniendo tarifas competitivas. Aquel panorama empieza a cambiar. En 2025, la demanda eléctrica registró un crecimiento del 12,5%, mientras que el consumo anual alcanzó los 29.419 GWh, marcando uno de los mayores saltos interanuales observados en el sistema.
El Presidente de la Administración Nacional de Electricidad (ANDE), Félix Sosa, explica que la aceleración no responde a un fenómeno circunstancial, sino a una transformación del perfil productivo del país.
Según detalla, el Estudio de Mercado de Energía Eléctrica 2024–2043 muestra que, bajo el escenario tendencial con nueva demanda, entre 2030 y 2033 Paraguay alcanzará una demanda cercana a los 8.000 MW, un volumen que equivale prácticamente “a la capacidad total de las binacionales más Acaray”.
La proyección de largo plazo refuerza la lectura; hacia 2043, el consumo anual llegaría a 57.561 GWh, lo que implica que el país estaría utilizando casi toda la energía disponible hoy. Inclusive para este año, el sistema ya se encamina a una demanda máxima de 5.900 MW y un consumo de 31.293 GWh, confirmando que el margen de excedente se reduce año a año.
Planificar ya no es opcional
El Plan Maestro de Generación 2024–2043 reconoce que el principal desafío está en garantizar confiabilidad en un sistema cada vez más exigido por la punta de carga. Sosa subraya que el problema central no es el volumen total consumido, sino la capacidad de responder en los momentos de máximo requerimiento, cuando la demanda se concentra y tensiona la red.
En este marco, Paraguay inició una transición hacia una matriz energética más diversificada, dejando atrás la dependencia casi exclusiva de la hidroelectricidad. El cambio se apoya en un nuevo marco normativo que busca acelerar inversiones y reducir cuellos de botella.
La Ley N° 7.299/2024, que habilita la generación y el transporte independiente; la Ley N° 7.452, que moderniza el régimen de Alianza Público–Privada; y especialmente la Ley N° 7.599, que redefine la generación a partir de fuentes renovables no convencionales, constituyen el núcleo de esta estrategia.
Desde la ANDE señalan que esta última norma representa el marco legal más transformador del sector energético paraguayo en décadas, al abrir el juego a nuevos actores y tecnologías en un momento en que el sistema ya no puede crecer solo con infraestructura pública.
Solar y almacenamiento, las prioridades del corto plazo
Durante los próximos tres a cinco años la ANDE priorizará la incorporación de energía solar a gran escala y sistemas de almacenamiento, concebidos como herramientas clave para acompañar el crecimiento de la demanda y reducir la presión sobre las fuentes tradicionales.
Sosa adelanta que la institución prevé licitar la primera planta solar de gran escala del país, con una potencia cercana a 140 MW en el Chaco, con la intención de replicar luego este modelo en otras regiones. La elección de esta tecnología responde tanto al potencial solar disponible como a la necesidad de diversificar la matriz sin comprometer la competitividad.
El almacenamiento mediante bancos de baterías cumple un rol complementario. Según explica el titular de la ANDE, estas soluciones permitirán gestionar mejor los picos de demanda, optimizar el uso de la energía disponible y reforzar la estabilidad del sistema en un contexto donde el excedente ya no es garantizado.
Energía como política industrial
Un elemento que juega a favor de esta transición es el perfil crediticio mejorado de Paraguay. De acuerdo con Sosa, el país llega a este nuevo ciclo de licitaciones con condiciones financieras más sólidas, – como el grado de inversión – lo que está despertando el interés de grandes desarrolladores internacionales de energía solar que buscan proyectos de escala y contratos de largo plazo.
El crecimiento del consumo refleja también una estrategia deliberada de absorción interna del excedente. En los últimos dos años, Paraguay registró un aumento acumulado del 31% en el consumo eléctrico, una cifra excepcional en términos comparados. Para la ANDE, este salto confirma que la energía limpia está siendo utilizada como palanca de desarrollo industrial.
Sosa sostiene que el rol de la institución es actuar “como brazo ejecutor de la política energética del Gobierno, cuya prioridad es el desarrollo industrial local” y que la gestión, “consiste en invertir en infraestructura eléctrica para garantizar que las industrias cuenten con un suministro de alta calidad y confiabilidad”. La experiencia reciente, afirma, demuestra que el sistema tiene hoy la capacidad técnica para seguir acompañando proyectos de gran escala.
¿Importar energía?
Bajo las proyecciones de expansión del Plan Maestro, la importación de energía aparece como una posibilidad muy remota, reservada únicamente para situaciones excepcionales, como emergencias técnicas o crisis hidrológicas extremas y sostenidas.
Sin embargo, Paraguay ingresa en una etapa donde la energía pasa a ser un activo que exige planificación, inversión y coordinación público-privada. En ese marco, la capacidad de anticiparse será determinante para sostener el crecimiento económico y preservar la competitividad del país.