Belén Cuevas Trinidad Editora de Forbes Women Paraguay
La Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción (OSCA) es un importante actor en la escena cultural del país. No solo por su vínculo con el Teatro Municipal Ignacio A. Pane y el Ballet Clásico Moderno y Municipal, sino porque nos ofrece la posibilidad de redescubrir estilos musicales que cimientan, a su vez, diversas expresiones artísticas.
Por ejemplo, mañana jueves 9 de abril a las 20.00 h, el Teatro Municipal cerrará su ciclo de verano con una propuesta que reúne a grandes maestros de la música como Mozart, Beethoven y Bernstein. Quien está detrás de la batuta es un genio paraguayo reconocido internacionalmente: Luis Szarán, director de la OSCA desde 1978.
El maestro es mejor conocido precisamente por esta faceta de director de orquesta, ya que en ese mismo contexto, lleva adelante los proyectos Sonidos de la Tierra y H2O Sonidos del Agua. Sin embargo, aunque su carrera hoy por hoy se centre en la formación de personas y difusión de la música, su dimensión de compositor sigue guardando sus sueños más profundos.
La historia detrás
Para entender la figura del maestro y su permanente enfoque de difusión musical, es preciso volver en el tiempo a su Itapúa natal, histórica capital de la yerba mate. El maestro nos cuenta que, aunque nació en Encarnación, a los cinco años, se trasladó a Yuty, donde su papá tenía un arrozal. Allí creció en un ambiente que considera inspirador hasta la fecha, en profunda conexión con la naturaleza.
Llegado el momento de asistir a la escuela, su padre lo llevó, por primera vez, a una zapatería. La mente infantil de aquel niño aún no quería despegar sus pies descalzos de la tierra de su pueblo, pero debía hacerlo para caminar las leguas que lo separaban de su institución educativa: “Era un zapato de cuero de cerdo no tratado. Entonces, al salir del local me dolían los pies porque yo sentía que mi libertad estaba allí. Sin embargo, mi papá me ayudó en esos primeros pasos, que todavía tengo presente hasta hoy”.
“Muchas veces, rememoro este momento cuando me tengo que enfrentar a situaciones difíciles de la vida. Parecía imposible caminar con esos zapatos, pero lo logré”, agrega.
De todos los encuentros que tuvo con la música en su infancia, el primero se dio precisamente en el entorno escolar. En la institución donde estudiaba, su aula recibió la visita del maestro Cayo Silas Godoy, famoso guitarrista paraguayo que tocó un par de canciones para despertar el interés de los alumnos.
“En verdad nos quedamos fascinados, especialmente yo, porque no podía creer cómo algo mágico salía de un pedazo de madera. La música tiene esa magia, que sucede en el tiempo y en el espacio, pero no se ve ni se toca, no se puede poseer físicamente, sino que entra en tu mente”, describe el maestro. Ese mismo día, al salir de clases, fue a su casa y le contó a su mamá, muy emocionado, que ya sabía lo que quería ser en la vida. La reacción de su madre al decirle que quería convertirse en músico fue una sorpresa. “¡Estás loco!”, le dijo.
Tiempo después, se encontró con el maestro José Luis Miranda, entonces pianista de la OSCA, quien no solo lo apoyó, sino que prometió a la hermana mayor de Szarán que el pequeño tendría una beca completa si lo acompañaba a Asunción.
“Fue así como emprendí mi primer viaje a Asunción en un camión de yerba. Aproveché que un vecino iría a Asunción a llevar sus productos. Salimos a la tardecita y llegamos al Mercado 4 por la mañana. Allí, yo tenía una hermana mayor que vivía en Sajonia y que me había diagramado la manera de llegar a su casa en una hoja de papel", explica.
“Fue así como emprendí mi primer viaje a Asunción en un camión de yerba. Aproveché que un vecino iría a Asunción a llevar sus productos".
Ni el miedo a lo desconocido fue tan grande como la felicidad de estudiar con el maestro Miranda. “Fue algo fantástico. Me enseñó piano, teoría, dirección coral, contrapunto y todas las técnicas musicales que conocía. Además, siempre me instó mucho a leer. Una noche, él me hizo una lista de los 70 libros que toda persona debe leer para entender el mundo”, recuerda Szarán.
Cuando el destino tocó a su puerta
Otra de las recomendaciones de su maestro era asistir a los eventos culturales que le ofrecía la capital asuncena. En una de esas ocasiones, nació su pasión por la composición musical que, hasta ahora, es su más ferviente sueño. “El momento que más me marcó fue cuando vi una película documental en el Centro Cultural Paraguayo Americano. Se llamaba Cinco mil años de arte en cinco minutos. No tenía diálogos, solo imágenes, desde la época de las cavernas y sus primeras expresiones artísticas hasta la actualidad”, relata.
La composición entre imagen y sonido cautivó su mente tanto que se convirtió en un antes y un después para su formación: “Me impactó muchísimo el fondo musical. Era el primer movimiento de la quinta sinfonía de Beethoven, una obra reconocida mundialmente por ser imponente. Los cuatro golpes iniciales fueron el destino llamando a mi puerta”, explica.
“Me quedé fascinado por esa música porque quería ver cómo era la construcción de esa música, cómo Beethoven escribió algo tan magistral, empezando con cuatro golpes. Entrar en contacto con esas partituras me llevó a formarme en la composición. Aunque esta parte de mi carrera se conoce muy poco, yo tengo unas 60 obras en mi haber; la mayoría fueron estrenadas en el exterior”, agrega.
Como director de orquesta, su trayectoria es ampliamente conocida en el mundo por haber sido el fundador de Sonidos de la Tierra, proyecto que en el 2027 cumplirá 25 años y que tiene como objetivo principal transformar vidas de jóvenes a través del poder de la música. El maestro considera que su enfoque de apertura, difusión y enseñanza se debe a que su vida fue “un maravilloso mundo de pasamanos donde la gente que entendió mi talento me ayudó, como sucedió en mi primer viaje para estudiar a Brasil, a la Argentina y después a Italia”.
Hoy por hoy, la difusión de la música es uno de sus mayores orgullos. Por ejemplo, un dato que llena su corazón es que, más de 400 músicos profesionales tuvieron su primera oportunidad en el programa Sonidos de la Tierra. Su otra satisfacción se desprende de la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción, donde encuentra el espacio para que la música clásica llegue al público de la capital.
“Cuando la vida me llevó a estar en un sitio de decisión sobre políticas culturales, mi lema comenzó a ser ‘puertas abiertas para todo’. Me sigue motivando que el disfrute de la música llegue a los 17 departamentos del país. Por eso, para mí, la apertura es hacer que los talentos olvidados se conozcan y poner instrumentos musicales en manos de niños, jóvenes y adolescentes”, finaliza.