El poncho albirrojo de Rosa Segovia: arte y tradición rumbo al Mundial
Desde los 7 años, las líneas del poncho trazaron el camino de la artesana Rosa Segovia quien, en el 2002, asumió el compromiso de ser una de sus portavoces. Este año, fue la encargada de confeccionar un exclusivo poncho de veintiséis listas para la selección nacional de fútbol, que teje la pasión de todo un pueblo expectante.

Belén Cuevas Trinidad Editora de Forbes Women Paraguay

La indumentaria diseñada para el anuncio oficial de los jugadores convocados rompió con los esquemas habituales del taller familiar. La Asociación Paraguaya de Fútbol propuso una innovación conceptual desde finales de marzo que consistía en adaptar el tradicional tejido artesanal para representar visualmente a los deportistas elegidos. 

El resultado llegó a principios de junio de la mano de la artesana Rosa Segovia: una pieza textil única que modifica las tradicionales franjas para dar vida a una alegoría deportiva sin precedentes en la cultura local. El diseño requirió una audaz modificación técnica que estructuró 13 listas en cada mitad del telar. Al unir la tela, se formaron exactamente las 26 rayas blancas destinadas a albergar los nombres bordados de los seleccionados.

La maestra artesana Rosa Segovia fue la encargada de elaborar el poncho para la Selección, Cordillera. FOTO: GENTILEZA APF

La confección final incluyó un minucioso trabajo de bordado a máquina que añadió un valor distintivo al lienzo. Un artesano especializado dedicó cuatro jornadas completas para plasmar más de mil doscientas letras sobre la delicada superficie texturizada. 

Una vida consagrada al telar de Piribebuy

Doña Rosa Segovia encarna la resistencia cultural en Piribebuy. Guiada inicialmente por su abuela, perfeccionó el dominio del telar gracias al sabio consejo de su abuelo. A los 11 años ya confeccionaba el cuerpo principal del poncho, iniciando un camino de dedicación absoluta que la convertiría en la máxima guardiana de este patrimonio textil. 

FOTO: GENTILEZA APF

Su hija Daisy González Segovia cuenta que el liderazgo de Rosa comenzó oficialmente en el año 2002, cuando su tía la nombró como su sucesora. Desde entonces, asumió el enorme desafío de rescatar la prenda del olvido ante los ojos del país. Se embarcó en un camino de ferias y actividades donde repartía su número telefónico y buscaba mostrar que la elaboración de este poncho nacional no había muerto.

La consagración internacional de su incansable lucha llegó con el reconocimiento otorgado por la UNESCO a las técnicas tradicionales, ya que en el 2023 esta técnica ingresó a la Lista del Patrimonio Cultural de la Humanidad. Este hito histórico transformó radicalmente la valoración de la artesanía paraguaya, multiplicando la demanda y dignificando el rol de las creadoras.

El poncho elaborado por Rosa Segovia exclusivamente para la selección tiene 26 franjas. FOTO: GENTILEZA APF

Un legado de complejidad técnica

El legendario Poncho Para'i de 60 listas constituye una obra maestra textil de hondo calado histórico e identidad paraguaya. Su elaboración tradicional se realiza mediante el telar de cintura, una estructura armable y portátil sostenida firmemente por hilos de urdimbre. La artesana genera el contrapeso necesario utilizando su propio cuerpo y brazos, manteniendo una tensión perfecta que permite entrelazar las complejas secciones que estructuran la prenda definitiva de manera armónica.

La complejidad de la pieza radica en la división del trabajo para confeccionar sus tres componentes esenciales. Daisy González Segovia explica que mientras una tejedora elabora el telar del cuerpo, otras se dedican exclusivamente a los intrincados flecos y a la faja complementaria. “Mi mamá siempre cuenta que cada poncho es un trabajo entre varias mujeres”, expresa.

El Poncho Para Para'i se elabora con hilos provenientes de Perú. FOTO: GENTILEZA APF

Nobleza material

La excelencia del poncho depende directamente de su materia prima, un fino hilo de coser importado principalmente desde Perú. Debido a la baja demanda histórica regional, ninguna manufactura local produce este insumo específico bajo características industriales rentables. La importación requiere grandes inversiones previas por parte del taller, debiendo asegurar los pedidos mediante adelantos financieros significativos y respetando rigurosos volúmenes mínimos exigidos por las empresas proveedoras extranjeras.

Este material destaca por ser un hilado 100% de algodón mercerizado de alta resistencia. El hilo atraviesa un riguroso tratamiento químico industrial diseñado para optimizar notablemente la absorción homogénea de los tintes utilizados. Este proceso técnico resulta indispensable para soportar la fricción constante ejercida durante el tejido en el telar, impidiendo roturas indeseadas ante la extrema tensión del entrelazado manual y garantizando la finura de la prenda final.

Cada poncho es fruto de un proceso colectivo entre al menos cuatro mujeres. FOTO: GENTILEZA APF

Manos unidas que tejen el futuro

Detrás del valor comercial de cada pieza, estimado en G. 5.000.000, se esconde un sacrificio físico invisible. Las artesanas entrelazan la confección textil con las tareas domésticas cotidianas y la crianza de sus hijos. El esfuerzo prolongado genera severas dolencias articulares y deformaciones óseas reumáticas en las manos. El riguroso proceso demanda de 10 a 12 días de labor compartida para asegurar los estándares de calidad exigidos.

Daisy González Segovia cuenta que, antes del 2019, podía haber entre dos y tres pedidos en todo un año. Sin embargo, en los últimos cinco años, este número aumentó, pero no llegó a generar pedidos mensuales específicos. Las artesanas esperan que este año sea el de mayores ventas, con la elección del poncho como artesanía oficial de los seleccionados albirrojos.

Poncho Para Para'i de la Selección Albirroja. FOTO: GENTILEZA APF

El renacimiento del oficio se sustenta hoy en un sólido colectivo compuesto actualmente por 16 dedicadas mujeres tejedoras. La transmisión de estos saberes ancestrales continúa activa gracias al compromiso de jóvenes estudiantes de formación docente y universitarias. 

La filosofía de doña Rosa rechaza el individualismo histórico, priorizando siempre el bienestar y reconocimiento económico de su comunidad. Para ella, es importante reconocer a todas y cada una de las artesanas que forman parte de la elaboración de los ponchos y destacar que esta siempre fue una actividad colectiva.

El Poncho Albirrojo representa el triunfo de un esfuerzo solidario y comunitario latente en cada fibra tejida. Consolidando esta hermosa visión del arte compartido, Daisy concluye con profundo orgullo familiar: “Hoy te puedo decir que todas las mujeres que están trabajando con mamá saben que van a recibir ese pago”.