Que Elon Musk hable del futuro ya es moneda corriente. Que haga pronósticos apocalípticos también. Lo cierto es que cada vez que el magnate tecnológico habla de lo que le depara a la humanidad en los próximos cinco, diez o veinte años, el mundo se detiene a escuchar. Y bien ganado lo tiene quien es, quizás, uno de los hombres más disruptivos de la historia de la humanidad.
Durante una entrevista con The Economist, el fundador de Tesla y SpaceX volvió a hacer futurología y describió un mundo en el que la inteligencia artificial, además de cambiar la forma de trabajar, también cambiará el valor del dinero, el equilibrio entre las grandes potencias y hasta el lugar de la humanidad en el universo. El empresario imaginó una economía dominada por robots, empleos cada vez menos necesarios y una abundancia capaz de modificar las reglas conocidas hasta hoy.
En esa visión también surgen los riesgos. Musk propuso que los principales laboratorios tecnológicos se controlen entre sí antes de lanzar sus modelos más avanzados de IA, reconoció que podría volver a sentarse con Sam Altman pese a años de enfrentamientos y advirtió que China cuenta con ventajas concretas para disputar el liderazgo global de la inteligencia artificial.
La conversación dejó, además, definiciones sobre impuestos, redistribución de la riqueza, competencia tecnológica y la colonización de Marte. Les compartimos nueve frases que Musk eligió para trazar la hoja de ruta del futuro del empleo, la economía y la humanidad.
“Abundancia asombrosa”, el futuro en el que trabajar dejará de ser una obligación
Musk imagina una economía en la que los robots y los sistemas de inteligencia artificial realizan la mayoría de las tareas físicas y digitales. La producción crecería hasta generar una “abundancia asombrosa”, con bienes y servicios disponibles en cantidades muy superiores a las actuales y a costos cada vez menores.
La consecuencia más profunda sería la pérdida de centralidad del empleo. Trabajar dejaría de ser una necesidad económica y podría convertirse en una actividad voluntaria, elegida por interés personal, vocación o deseo de participación social. La automatización ya no serviría únicamente para aumentar la productividad de los trabajadores, sino que reemplazaría una parte considerable de sus funciones.
La existencia de un “ingreso universalmente alto”
Musk considera que el ingreso básico universal podría resultar insuficiente frente a la magnitud de la transformación tecnológica. Por eso habla de un “ingreso universalmente alto”: una transferencia que no se limite a cubrir necesidades esenciales, sino que permita acceder a la abundancia producida por máquinas y sistemas autónomos.
La propuesta parte de una ruptura entre empleo e ingresos. Durante siglos, la mayoría de las personas obtuvo los recursos necesarios para vivir mediante su trabajo. En el futuro que describe Musk, esa relación se debilitaría porque las empresas necesitarían cada vez menos participación humana para producir bienes y ofrecer servicios.
Los gobiernos tendrían entonces que crear un nuevo mecanismo de distribución. El ingreso dejaría de depender del salario y pasaría a estar garantizado de manera generalizada. Musk no explica cómo se financiaría ese sistema ni qué instituciones deberían administrarlo. Tampoco precisa si la tecnología permanecería en manos privadas o si surgirían mecanismos colectivos para participar de sus beneficios.
“Billones en impuestos”
El hombre más rico del mundo afirma que no tendría inconveniente en pagar “billones en impuestos” si esa recaudación fuera necesaria para sostener una economía automatizada. La declaración intenta responder a una de las principales objeciones contra su visión: de dónde saldrían los recursos para financiar ingresos universales si millones de personas dejaran de trabajar.
La respuesta apunta hacia las grandes fortunas y las compañías que controlarían los sistemas de inteligencia artificial, los robots y los centros de datos. Si la producción se concentra en un grupo reducido de empresas, los Estados tendrán que capturar una parte considerable de esa riqueza para distribuirla entre la población.
Distribución de la riqueza: “Entregar cheques a la gente”
Musk redujo la propuesta económica a una fórmula concreta: los gobiernos deberían “entregar cheques a la gente”. Si los robots producen bienes y servicios de manera abundante, el desafío ya no sería generar riqueza, sino asegurar que la población tenga recursos para acceder a ella.
La propuesta busca evitar una crisis de demanda. Una economía altamente automatizada podría fabricar enormes cantidades de productos, pero tendría dificultades para venderlos si las personas pierden sus empleos y, con ellos, sus salarios. Las transferencias estatales permitirían sostener el consumo y mantener en funcionamiento el sistema económico.
Musk también sostiene que la deflación podría convertirse en un problema mayor que la inflación. La automatización reduciría los costos y empujaría los precios hacia abajo. Aunque eso beneficiaría inicialmente a los consumidores, una caída permanente también podría reducir los ingresos empresariales y desalentar inversiones. Entregar dinero sería, en ese contexto, una forma de sostener la demanda ante una capacidad productiva casi ilimitada.
Sobre la regulación de la IA: “Los competidores pueden garantizar la transparencia entre ellos”
Musk propone que los principales laboratorios de inteligencia artificial revisen los modelos de sus competidores antes de que sean lanzados. Las compañías dispondrían de una o dos semanas para identificar vulnerabilidades, comportamientos inesperados o capacidades que pudieran representar una amenaza, y comunicarían los riesgos más graves a los gobiernos. El sistema alcanzaría tanto a los desarrolladores estadounidenses como a los chinos. Su objetivo sería aprovechar el conocimiento técnico de la propia industria, mucho más actualizado que el de numerosos organismos públicos, para crear una primera barrera de seguridad.
La propuesta, de todas formas, también presenta una dificultad evidente. OpenAI, Google DeepMind, Anthropic, xAI y los laboratorios chinos compiten por talento, inversiones, clientes y liderazgo tecnológico. Permitir que una empresa rival inspeccione un modelo todavía no lanzado podría exponer información confidencial y ventajas comerciales. El mecanismo necesitaría protocolos internacionales capaces de separar la cooperación en seguridad de la competencia empresarial y de garantizar que ninguna compañía utilice la revisión para obtener beneficios propios.
Su relación con Sam Altman: “Al final, si tenemos que hablar, hablaremos”
Musk admite que podría retomar el diálogo con Sam Altman si la seguridad de la inteligencia artificial lo exigiera. Ambos participaron en la fundación de OpenAI, pero terminaron enfrentados por el rumbo de la organización, su estructura comercial y el control de sus desarrollos. La disputa dejó de ser únicamente personal. OpenAI y las compañías de Musk compiten por capital, talento especializado, capacidad informática y liderazgo en una industria que podría definir buena parte de la economía global. La relación también quedó atravesada por una batalla judicial y por acusaciones públicas que se remontan a los primeros años del laboratorio.
Musk mantiene sus críticas contra Altman y no retira los cuestionamientos que dieron origen al conflicto. Sin embargo, reconoce que el avance de sistemas cada vez más poderosos podría obligarlos a coordinarse. La seguridad de la IA aparece como un interés capaz de imponerse, al menos temporalmente, por encima de sus diferencias personales y empresariales.
“China está más cerca de lo que muchos creen de resolver el problema de la litografía”
Las restricciones impuestas por Estados Unidos dificultan que China acceda a los chips más avanzados y a las máquinas necesarias para fabricarlos. ASML, la compañía neerlandesa que domina la producción de los equipos de litografía más sofisticados, tiene prohibido venderle sus herramientas de última generación al país asiático.
Musk considera que esa ventaja occidental podría durar menos de lo esperado. China trabaja para desarrollar su propia tecnología de litografía y reducir la dependencia de proveedores extranjeros. Si lo consigue, podría fabricar una mayor cantidad de procesadores avanzados y acelerar el entrenamiento de sus modelos de inteligencia artificial. El empresario también destaca otras fortalezas chinas: una enorme capacidad de generación eléctrica, una extensa infraestructura industrial y experiencia en la fabricación masiva de robots. Por eso, no descarta que sus compañías terminen liderando la carrera de la IA. Bloquear el acceso a chips y modelos podría retrasar ese avance, pero no necesariamente detenerlo de manera permanente.
Colonización de Marte: “Las cosas que estoy haciendo son tan absurdas que cuesta creer que sean reales”
Musk sitúa la colonización de Marte dentro de una serie de proyectos cuya escala, según admite, resulta difícil de asimilar. SpaceX no fue creada únicamente para lanzar satélites, transportar astronautas o reducir el costo de los viajes espaciales. Su objetivo de largo plazo es convertir a la humanidad en una especie multiplanetaria mediante el establecimiento de una colonia permanente fuera de la Tierra.
Ese propósito explica por qué Musk conserva más del 80% de los derechos de voto de la compañía. Busca mantener el control sobre las decisiones estratégicas y evitar que la presión por obtener ganancias inmediatas desplace la misión marciana. Los lanzamientos comerciales, los contratos públicos y la expansión de Starlink serían medios para financiar un proyecto mucho más ambicioso. Los cohetes reutilizables ya demostraron que SpaceX puede transformar una industria. Crear una ciudad autosuficiente en Marte, en cambio, exige resolver dificultades técnicas, económicas, médicas y logísticas mucho mayores, desde la radiación y el suministro de alimentos hasta la generación de energía y el transporte de materiales.
“La gente no se da cuenta de que lo que digo se hará realidad”
Musk se presenta como alguien capaz de anticipar transformaciones que el resto de la sociedad todavía no comprende. Sus predicciones abarcan la superioridad intelectual de la inteligencia artificial, la desaparición del empleo obligatorio, la pérdida de relevancia del dinero y la expansión de la humanidad hacia otros planetas.
Hablar de lo improbable, hacerlo realidad y transformarlo en un gran negocio es un sello distintivo de la vida de Musk. Tesla ayudó a convertir los vehículos eléctricos en una industria masiva, mientras que SpaceX demostró que los cohetes reutilizables podían reducir los costos de acceso al espacio. Proyectos que inicialmente parecían improbables terminaron ocupando posiciones centrales en sus respectivos sectores.
Sin embargo, el éxito empresarial no convierte automáticamente todas sus proyecciones en certezas. Las predicciones sociales, políticas y económicas dependen de variables que no pueden controlarse desde una empresa. Musk introduce tendencias tecnológicas verificables y las conjuga con escenarios mucho más especulativos, presentando ambos niveles con una seguridad similar. Su capacidad para construir el futuro convive así con una tendencia constante a exagerar la velocidad y el alcance de los cambios.