Durante décadas, muchas empresas paraguayas crecieron impulsadas por el empuje de sus fundadores, la cercanía con los clientes y una capacidad casi permanente para resolver problemas sobre la marcha. Sin embargo, el escenario actual plantea nuevas exigencias, donde la mayor competencia, la sofisticación de los mercados y la necesidad de tomar decisiones basadas en información obligan a las organizaciones a evolucionar hacia modelos más profesionalizados.
Así lo observó Andrés Silva, emprendedor y Socio Fundador de Okara, durante el Podcast by Forbes. El experto puntualizó que una de las principales dificultades que enfrentan hoy las empresas locales es comprender cuándo el modelo que las llevó al éxito deja de ser suficiente para sostener el crecimiento.
Según explicó, las señales de alerta pueden provenir tanto del mercado como del interior de la organización. Por un lado, aparecen tensiones vinculadas a la pérdida de competitividad, cambios en la demanda o dificultades para sostener el posicionamiento; por otro, surgen conflictos internos relacionados con la gobernanza, la profesionalización o la convivencia entre distintas generaciones dentro de la empresa.
"El mercado paraguayo se volvió más exigente. Hoy ya no se puede esconder la ineficiencia detrás de grandes márgenes. Hay mucha más competencia y empresas que lideraron durante mucho tiempo empezaron a sentir algún tipo de fricción o dolor. A partir de ahí recurren a servicios especializados para complementar capacidades y enfrentar nuevos desafíos", señaló Silva.
Desde su experiencia, uno de los errores más frecuentes es creer que la profesionalización consiste únicamente en incorporar ejecutivos o contratar consultores. En realidad, sostiene que el verdadero desafío pasa por desarrollar sistemas, procesos y estructuras que permitan a la organización crecer sin depender exclusivamente de una persona.
Objetivo directo
Su visión llevó a Okara a alejarse del modelo tradicional de consultoría para desarrollar un esquema basado en la incorporación temporal de ejecutivos experimentados dentro de las empresas. El objetivo es acompañar la ejecución de los cambios y no limitarse únicamente al diagnóstico.
"La manera más efectiva de transformar una empresa no es cambiando a las personas. Lo que hoy sabemos es que la transformación pasa mucho por el diseño, por los procesos, por los incentivos y por repensar las estructuras organizacionales. Cuando uno rediseña el juego, las personas empiezan a comportarse de manera diferente", afirmó.
La problemática adquiere una dimensión aún más compleja en las empresas familiares, que constituyen la gran mayoría del tejido empresarial paraguayo. En estos casos, el crecimiento suele poner en evidencia tensiones entre los intereses de la familia, la propiedad y la gestión del negocio.
Silva considera que muchas organizaciones enfrentan dificultades porque intentan administrar empresas cada vez más complejas utilizando esquemas diseñados para etapas mucho más simples. La concentración de poder en una sola figura, la ausencia de espacios formales para la toma de decisiones y la falta de mecanismos claros de rendición de cuentas suelen convertirse en obstáculos para la evolución de la empresa.
La sucesión
A decir de Silva, uno de los momentos más delicados es el proceso de sucesión generacional. En ese sentido, Paraguay atraviesa una etapa en la que numerosos fundadores conviven con hijos que tuvieron acceso a una formación académica más amplia, experiencias internacionales y nuevas herramientas de gestión. Esa coexistencia puede convertirse en una enorme oportunidad o en una fuente permanente de conflictos.
Lejos de plantear una confrontación entre generaciones, Silva sostiene que ambos perfiles aportan capacidades complementarias. Mientras los fundadores representan la fuerza emprendedora que permitió construir el negocio, las nuevas generaciones pueden aportar herramientas para institucionalizarlo y prepararlo para escenarios más complejos.
"Los sucesores exitosos no son aquellos que intentan parecerse al fundador. Son los que encuentran una voz propia acorde al momento que está viviendo la organización. El desafío es lograr que convivan la fuerza emprendedora, creativa y desordenada con la fuerza ordenadora basada en la eficiencia y con la fuerza productora que genera resultados", explicó.
La gestión financiera aparece como otro de los grandes desafíos identificados por el consultor. A pesar del crecimiento experimentado por numerosas compañías locales durante las últimas décadas, todavía existen organizaciones que continúan tomando decisiones basadas principalmente en la intuición.
Para Silva, muchas empresas paraguayas lograron expandirse gracias a la capacidad emprendedora de sus líderes, pero hoy necesitan desarrollar sistemas de información más robustos que les permitan comprender con precisión la realidad del negocio.
Desafíos pendientes
Silva advirtió que la falta de consolidación de indicadores financieros, flujos de caja y sistemas de control limita la capacidad de anticipar riesgos y tomar decisiones estratégicas. Otro aspecto que preocupa al especialista es el predominio de una mirada excesivamente enfocada en el corto plazo.
Desde su perspectiva, el crecimiento sostenible exige equilibrar la gestión diaria con una agenda estratégica capaz de proyectar el negocio a largo plazo. Esto implica invertir en gobernanza, desarrollar talento, fortalecer sistemas de información y construir estructuras que puedan trascender a las personas.
La profesionalización, insiste, no debe confundirse con burocratización. De hecho, advierte que algunas empresas terminan perdiendo la energía emprendedora que las hizo exitosas al adoptar estructuras excesivamente rígidas.
Por eso sostiene que el desafío consiste en identificar qué aspectos deben cambiar y cuáles merecen ser preservados. En las empresas familiares, esto incluye tradiciones, valores y formas de relacionamiento que forman parte de la identidad organizacional.
Silva fue muy claro al asimilar que el objetivo no es que las empresas pierdan su esencia, sino que desarrollen las capacidades necesarias para sostenerla en el tiempo y proyectarla hacia las próximas generaciones.