Cuando las raíces se convierten en una ventaja competitiva: historias de emprendedores paraguayos en EE.UU.
Desde la gastronomía en Nueva York hasta la moda y la tecnología en Silicon Valley, tres emprendedores paraguayos cuentan cómo lograron abrirse paso en uno de los mercados más exigentes del mundo. Sus historias reflejan los desafíos de empezar desde cero, adaptarse a nuevas reglas y competir al más alto nivel sin renunciar a sus raíces.

La gastronomía, la industria de la moda y el ecosistema tecnológico son espacios donde tres emprendedores paraguayos encontraron oportunidades para construir sus sueños, posicionar la cultura de su país y demostrar que el talento paraguayo puede abrirse camino en mercados altamente sofisticados.

Desde la gastronomía hasta la moda y la tecnología, las historias de Nancy F. Ojeda, Gabriela Recalde y Rodrigo Cantero reflejan los desafíos de emprender lejos de Paraguay, pero también las ventajas competitivas que pueden surgir cuando la identidad cultural se convierte en una propuesta de valor.

Convertir la nostalgia en una oportunidad de negocio

Cuando Nancy F. Ojeda llegó a Estados Unidos en abril del año 2000 junto a su esposo y sus dos hijos adolescentes, lo hizo impulsada por un objetivo común a miles de inmigrantes: construir un futuro mejor para su familia.

Nancy F. Ojeda fundadora de I Love Paraguay Corp 

Cuatro años después, la familia abrió Little Paraguay Deli, su primer negocio en territorio estadounidense. Aquella experiencia, que funcionó hasta 2006, se convirtió en la escuela práctica que les permitió entender el mercado y prepararse para una apuesta mayor.

En 2007 nació I Love Paraguay Restaurant, un emprendimiento que buscaba algo más que vender comida. La idea era crear un espacio donde los paraguayos pudieran sentirse cerca de casa y donde otras culturas descubrieran la riqueza gastronómica del país.

La oportunidad surgió de una observación simple pero poderosa: prácticamente no existían restaurantes que ofrecieran auténtica comida paraguaya en Nueva York.

“Los paraguayos que vivíamos lejos de nuestra tierra extrañábamos los sabores de nuestra infancia y buscábamos un lugar donde pudiéramos reconectarnos con nuestra cultura, nuestras tradiciones y nuestras raíces”, recuerda Ojeda. “Fue precisamente esa ausencia la que nos motivó a emprender”.

I Love Paraguay. Fuente: Gentileza

Lo que comenzó como un restaurante evolucionó con el paso de los años. La incorporación de la segunda generación familiar impulsó nuevas ideas y una visión de crecimiento que hoy se refleja en tres unidades de negocio: I Love Paraguay Restaurant, I Love Paraguay Bakery Café e I Love Paraguay E-Commerce.

Pero construir una empresa en una ciudad como Nueva York estuvo lejos de ser sencillo.

“Ya tenía experiencia en gastronomía en Paraguay, pero tuve que aprender desde cero las leyes, regulaciones y normativas del mercado estadounidense”, explica.

A eso se sumaron las barreras idiomáticas, la intensidad competitiva de la ciudad y los cambios constantes que exige el mercado. Más adelante llegó también la pandemia, una prueba que obligó a gran parte de la industria gastronómica a reinventarse para sobrevivir.

Después de más de dos décadas en Estados Unidos, Ojeda sostiene que la clave del crecimiento estuvo en una combinación de disciplina, perseverancia y trabajo constante.

“Con los años he aprendido que la disciplina siempre le gana a la inteligencia. El trabajo constante, la perseverancia y el compromiso diario son los que realmente permiten alcanzar las metas”, afirma.

Para ella, el principal logro trasciende los resultados empresariales.

I Love Paraguay. Fuente: Gentileza

“Más allá del crecimiento empresarial, nuestro mayor orgullo es haber construido una empresa familiar que mantiene vivas las tradiciones paraguayas, genera oportunidades para nuestra comunidad y permite que la cultura paraguaya continúe creciendo fuera de nuestras fronteras”.

Llevar el ñandutí a la industria global de la moda

La historia de Gabriela Recalde comenzó en 2011, cuando dejó Asunción con apenas 19 años para instalarse en Estados Unidos con el sueño de convertirse en periodista. Su camino, sin embargo, terminó encontrando otro destino.

Gabriela Recalde - Momora. Fuente: Gentileza

Mientras estudiaba Comunicación, comenzó a tomar clases de moda y descubrió una nueva forma de conectar con las personas a través de las redes sociales. Realizó pasantías en empresas como Anthropologie y Saks Fifth Avenue, además de participar en eventos vinculados a firmas como Carolina Herrera, Max Mara y Tommy Hilfiger.

Lo que inicialmente era un hobby fue creciendo hasta convertirse en una comunidad digital de más de 170.000 seguidores y en una plataforma que le permitió colaborar con marcas internacionales como Marshalls, L’Oréal, Victoria’s Secret y Garnier.

Una de las experiencias que recuerda con mayor emoción fue una campaña para Marshalls en Times Square.

“Fue una experiencia increíble. La campaña decía ‘Gabriela de Paraguay’”, cuenta.

Sin embargo, después de años construyendo una marca personal, decidió dar un paso más. Hace dos años invirtió sus propios ahorros para lanzar Momorã, una marca inspirada en la cultura paraguaya y orientada al mercado internacional.

Gabriela Recalde - Momora. Fuente: Gentileza

La idea surgió mientras participaba en eventos como Coachella y New York Fashion Week.

“Me di cuenta de que no había una marca de moda paraguaya en Estados Unidos”, explica.

Aquella ausencia se transformó en una oportunidad de negocio.

“Yo sabía que necesitaba un pedacito de Paraguay y representar mi cultura en todos lados y que capaz no era la única que sentía esa ausencia, especialmente cuando constantemente te confunden con Uruguay”.

Momorã incorpora el ñandutí en diseños contemporáneos y ha evolucionado desde una primera colección compuesta por una remera y un gorro hasta líneas de casi treinta prendas. La propuesta también incorpora otros elementos culturales paraguayos, como velas inspiradas en flor de coco y mburucuyá, además de accesorios elaborados con ñandutí.

El camino emprendedor estuvo marcado por importantes desafíos personales.

Productos de Momorã 

“Pasé años difíciles de estar sola y empezar de cero en un país extranjero, especialmente tener que solventar todos mis gastos mientras estudiaba y trabajaba, pero nunca paré”, relata.

Incluso en su carrera como creadora de contenido se encontró repetidamente con el desconocimiento que existe sobre Paraguay en muchos mercados internacionales.

“Mucha gente ni sabía dónde quedaba Paraguay cuando me entrevistaban para trabajar como creadora de contenido. Eso me impulsó más a querer empezar mi marca de ropa con ñandutí”.

Mirando hacia atrás, identifica una característica como el factor decisivo de su trayectoria.

“La constancia paga”, resume. “Vivir en el extranjero y emprender es durísimo, pero ser constante y no desistir es lo que me trajo hasta acá”.

Tecnología con ADN de Silicon Valley y corazón latinoamericano

Si las historias de Ojeda y Recalde tienen como punto de partida la identidad cultural, la de Rodrigo Cantero gira en torno a la tecnología y la transformación digital.

Nacido en Asunción y criado entre Paraguarí y San Lorenzo, Cantero comenzó su trayectoria empresarial fundando una de las primeras agencias de branding del interior del Paraguay. Aquella experiencia le permitió trabajar con proyectos de educación, emprendimiento y creatividad digital en distintos países entre 2016 y 2020.

Durante esos años empezó a observar una tendencia que terminaría definiendo su futuro empresarial.

Rodrigo Cantero. Fuente: Gentileza

“Ya en 2019 veía con mucha claridad hacia dónde iba el mundo con la tecnología, el software y la inteligencia artificial”, recuerda.

Aunque no provenía del mundo de la programación, decidió profundizar en educación digital y desarrollo de software.

“Fue un proceso difícil, con muchísimo aprendizaje, frustración y prueba y error”, admite.

Su relación con Estados Unidos comenzó en 2013, pero tomó un giro definitivo en 2020 cuando un viaje de negocios coincidió con la pandemia. Allí conoció a quien posteriormente sería su esposa y terminó construyendo una nueva etapa personal y profesional en el país.

La inspiración para crear Oima surgió a partir de un problema recurrente que observó en pequeñas y medianas empresas de Paraguay y América Latina.

“Muchos negocios tienen talento, clientes y ganas de crecer, pero siguen operando con procesos muy manuales, sistemas desconectados o herramientas demasiado caras y complejas para su realidad”, explica.

Según Cantero, muchas compañías continúan funcionando principalmente a través de WhatsApp, planillas y llamadas telefónicas, generando una dinámica reactiva que limita el crecimiento. Para responder a esa necesidad nació Oima, una aceleradora digital que combina software de gestión empresarial, capacitación, recursos educativos, eventos y comunidad.

“Oima es una aceleradora digital con ADN de Silicon Valley y corazón latinoamericano”, define.

La propuesta busca acercar la tecnología a empresas que necesitan modernizarse sin enfrentar la complejidad habitual del sector. “No queremos vender software como algo frío o complicado. Queremos que una empresa pueda ordenar sus ventas, su inventario, sus clientes, sus procesos y su equipo; pero también que las personas aprendan a usar esas herramientas y entiendan cómo aplicarlas en su vida profesional”.

Más allá de los desafíos empresariales, Cantero destaca que una de las pruebas más difíciles de emigrar fue la distancia con la familia y la cultura de origen.Sin embargo, considera que la adaptación permanente terminó convirtiéndose en una ventaja competitiva.

“Aprendí que no se trata solo de tener una buena idea, sino de escuchar, ajustar, aprender rápido y mejorar constantemente”. Esa capacidad de adaptación se complementa con una visión particular sobre el origen paraguayo.

“También aprendí que ser paraguayo no es una desventaja. Al contrario, te da una mirada distinta. Venimos de un país donde muchas veces hay que resolver con poco, improvisar, ser creativo y encontrar caminos donde no existen”.

La ventaja inesperada de ser paraguayo

Aunque pertenecen a industrias completamente distintas, las historias de estos tres emprendedores convergen en varios puntos. Todos identificaron oportunidades donde otros veían vacíos; todos tuvieron que adaptarse a regulaciones, culturas y mercados diferentes; y todos enfrentaron momentos de incertidumbre mientras construían sus proyectos desde cero.

También comparten una conclusión menos evidente: aquello que inicialmente parecía una desventaja —venir de un país pequeño y poco conocido— terminó convirtiéndose en un elemento diferenciador.

En el caso de Nancy Ojeda, fue la gastronomía paraguaya la que encontró un espacio en una de las ciudades más competitivas del planeta. Para Gabriela Recalde, el ñandutí se transformó en un producto de moda capaz de representar al país en escenarios internacionales. Para Rodrigo Cantero, la creatividad desarrollada en Paraguay se convirtió en una ventaja para diseñar soluciones tecnológicas orientadas a empresas latinoamericanas.