Más allá de la fuerza: la salud mental es el pilar del alto rendimiento
La psicología del deporte se posiciona como el eslabón que faltaba en el alto rendimiento paraguayo. Una disciplina científica, según la Psicóloga del deporte Natalia Dancuart, que redefine cómo se entrena, compite y sostiene el talento, en un ecosistema aún inmaduro y con una demanda que crece más rápido que su capacidad de respuesta.

Fabrizio Meza Periodista

La Psicóloga del deporte Natalia Dancuart sostiene que el rendimiento ya no depende solo del talento o la técnica: la salud mental, la regulación emocional y el trabajo interdisciplinario se convirtieron en los pilares invisibles del alto rendimiento.

El país cuenta con muy pocos psicólogos del deporte realmente formados, una escasez que afecta no solo a los deportistas, sino a todo el ecosistema profesional que debería entender cómo se entrena la mente para competir. 

Esa falta de cultura generó por años la percepción de que "lo mental es actitud", cuando en realidad es técnica, método y ciencia aplicada.

"La preparación mental no es pensar positivo; es entrenamiento, método y autoconocimiento aplicado al rendimiento", expresó Dancuart.

Con una demanda que crece de manera acelerada, especialmente en clubes y academias juveniles, la psicología deportiva comienza a ocupar el espacio que siempre debió tener, el de una disciplina tan indispensable como la nutrición y la preparación física.

Natalia Dancuart, Psicóloga de la actividad física y el deporte junto con Martín Palermo

La mente como motor del rendimiento

La psicología del deporte ya no se limita a "calmar la ansiedad". Los programas actuales combinan regulación fisiológica, rutinas precompetitivas, visualización guiada y análisis de pensamiento crítico. Todo está respaldado por ciencia y años de investigación.

Un atleta que no conoce su nivel óptimo de activación, ese punto exacto donde rinde mejor, pierde claridad, toma decisiones más lentas y aumenta el riesgo de lesión. Un deportista exhausto emocionalmente se mueve distinto, percibe distinto y reacciona distinto. La mente sostiene al cuerpo.

Por eso, el trabajo comienza desde la base que es el análisis del perfil psicodeportivo, establecimiento de metas, aprendizaje de técnicas y un objetivo final que atraviesa todo el proceso: la autorregulación.

La regla fundamental es clara: el deportista no necesita "controlar lo que siente", sino aprender a gestionar sus emociones bajo presión.

 

El ruido digital

La sobreexposición del atleta, alimentada por la velocidad de la opinión pública, genera un escenario que puede inflar o destruir la confianza.

"Hay que poder diferenciar crítica de violencia, aprender a filtrar información y construir una identidad sólida, que no dependa del aplauso ni del hate", expresó Dancuart.

En Paraguay, este desafío se amplifica por una cultura donde la motivación externa, la opinión de otros, pesa más que la motivación interna. El resultado es una identidad deportiva frágil y extremadamente sensible a lo que ocurre afuera.

La salud mental, en este contexto, según dijo, no es solo un soporte emocional: es un mecanismo de protección profesional.

Natalia Dancuart, Psicóloga de la actividad física y el deporte

Deporte motor: el laboratorio perfecto

El crecimiento del deporte motor en Paraguay no solo aumentó el nivel de competencia. También intensificó la necesidad de preparación mental especializada. A diferencia de otras disciplinas, el piloto compite en un triángulo inseparable: cuerpo, mente y máquina.

El riesgo es real, la velocidad es extrema y la toma de decisiones ocurre en fracciones de segundo. Eso modifica el mapa emocional del atleta.

Aquí, conceptos como la gestión del miedo, el manejo de la adrenalina, el control fino y el enfoque en alta activación se vuelven centrales. No se trata de eliminar el miedo: se trata de usarlo como señal.

No existe "adicción a la adrenalina" en términos clínicos, aclaró la Psicóloga, pero sí hay deportistas cuyo rendimiento óptimo ocurre en niveles altos de activación, donde la claridad mental se potencia. 

Y mencionó que el desafío no es competir así, es aprender a salir de ese estado para recuperarse, descansar y sostener una vida equilibrada.

 

Un ecosistema que debe madurar

La salud mental depende del ambiente en el como se vive la victoria, derrota y entrena. La cultura de un equipo, cómo se gana, cómo se pierde, cómo se comunica, puede fortalecer o desgastar.

Un clima emocional sano acelera la recuperación, mejora la toma de decisiones y reduce el riesgo de lesiones. Un clima tóxico puede arruinar talento en meses.

Dancuart sobre el rol del entorno familiar en deportes motor dijo que los "padres, mecánicos, ingenieros, amigos y allegados forman parte del ecosistema emocional del piloto" y que la presión adulta, cuando no se regula, destruye más de lo que acompaña.

 

Una deuda estructural con el alto rendimiento

Paraguay tiene psicólogos capaces, pero aún no tiene formación oficial, ni programas institucionales estables, ni suficiente inversión. Los deportistas siguen dependiendo del resultado para obtener apoyo, cuando debería ser al revés: primero invertir en el proceso, después esperar el éxito.

"El deportista no necesita más presión; necesita criterio, contención y mejores entornos emocionales y profesionales", expresó. Y agregó que Paraguay celebra al atleta cuando gana, pero lo acompaña poco cuando está construyendo su camino.

El futuro del deporte paraguayo no se definirá únicamente por la infraestructura, la tecnología o la inversión. Se definirá por la capacidad de entrenar la mente tanto como el cuerpo.

El rendimiento del mañana será mental. Y la preparación mental, como repitió Dancuart, no es magia: es ciencia aplicada a la exigencia real y ahí empieza el verdadero salto de calidad.