Una invitación a la IA (y a pensar distinto)
Por Melina Jajamovich - Speaker internacional, TEDx speaker, autora de "Agilidad en 4 estaciones" y "Reflexiones de un año trabajando en pantuflas", LinkedIn TopVoices, coach en transformación organizacional en Risoom, consultora asociada de "The Who".

En Paraguay, la inteligencia artificial todavía se mira de lejos. Pero no usarla ya no es una opción: es un riesgo. La IA no viene a quitarnos el trabajo, pero quienes aprendan a usarla reemplazarán a quienes decidan ignorarla.

Hace unos meses, en una reunión con directivos, alguien comentó que había hecho su presentación "con ayuda de la IA". Hubo un silencio y miradas cruzadas. Una voz preguntó molesta: "¿Y eso no es trampa?".

No, no lo es. Mientras algunos ya la usan sin decirlo, la mayoría todavía la mira de reojo. Y eso tiene un costo: la IA es un fenómeno imparable y cuanto más tarde vos y tu organización se suban a la ola, peor. 

El dato que incomoda (y la oportunidad que abre)

Según la Federación Latinoamericana de Bancos (Felaban), Paraguay está entre los diez países con menor avance en adopción de tecnología e inteligencia artificial en América Latina. La CEPAL le da apenas 31 puntos sobre 100, y el FMI lo ubica al final del ranking de preparación digital.

Los informes hablan de infraestructura y talento, pero detrás de esos números hay algo más profundo: una barrera cultural. La IA es una tecnología tremendamente sencilla, conversacional y democrática; la traba solo está en la desconfianza que nos genera.

No hace falta saber de tecnología, hace falta animarse

Y dejame que te cuente. No soy programadora ni vengo del mundo tech, tampoco hice un curso para convertirme en especialista. Solo abrí una cuenta y empecé a jugar con la IA: desde entonces, me convertí en adicta y a la uso a diario (y a toda hora).

Y la uso no solo como asistente para tareas triviales sino también como socia para reflexionar y tomar decisiones estratégicas.  

Yo no soy la única.  En muchas empresas de la región, la IA ya está adentro, aunque nadie lo diga. Y en los más jóvenes, ¡ni te digo! Los equipos la usan para redactar mails, traducir, resumir o analizar datos. ¿El problema? Mientras tanto, los líderes siguen preguntándose si "vale la pena".

La adopción está ocurriendo en silencio, de abajo hacia arriba y no de manera corporativa. Y cuando algo se instala sin conversación ni política clara, los riesgos crecen: filtraciones, decisiones erradas, información sensible mal manejada.

El reto de los líderes hoy es empezar a amigarse con la IA y no pensar que es algo de los jóvenes, probarla y entender su valor para, desde esa primera experiencia, poder abrirle la puerta a la IA como socia estratégica del negocio.

Ser intencionales  

¿Por dónde empezar? Rebeca Hwang dice algo que me encanta: tenemos que ser intencionales en el uso de la IA. Definir cuáles son las tareas que queremos delegarle, aquellas que no nos gustan, aquellas que no nos generan valor... ¡y hacerlo a conciencia! 

Usar IA sin intención es como acelerar sin volante: avanzás, pero no sabés a dónde. Por eso, si nunca usaste IA, empezá así:

  1. Pensá en tres tareas que te consumen tiempo. Revisar mails, escribir informes, preparar presentaciones.
  2. Pedile ayuda a la IA en una de ellas.
    Literal: "Resumí este texto en tres puntos claros" o "dame una versión más simple de este mensaje para mi equipo".
  3. Observá tu reacción.
    ¿Te entusiasma? ¿Te da miedo? ¿Te incomoda? Ahí empieza el aprendizaje real.

 

Con los días, seguro podrás pedirle más... pasar de que te asista a que se convierta tu compañía para tu día a día. Trabajar con la IA es aprender a "pedirle" con claridad, ser implacable en nuestro análisis de lo que nos brinda y usarla para animarnos a tomar decisiones. 

¿Miedo? Es una de las palabras que más aparece pero... si la usás con curiosidad y espíritu crítico, no te volverá más vago, tampoco dependiente ni te hará olvidarte que vivís en un mundo de humanos. Al contrario: liberarás energía para ocuparte de lo que es en esencia humano.

Construir organizaciones más humanas

Bien usada, la IA puede ser la herramienta más poderosa para re-humanizar el trabajo. Puede automatizar lo repetitivo, liberar tiempo y ayudarnos a concentrarnos en lo que ninguna máquina puede hacer en 3D (hasta que lleguen los robots): escuchar, decidir, empatizar.

El salto no es técnico, es cultural y el liderazgo del futuro no será el del control, sino el de la conciencia.  Porque una organización más humana no es la que evita la tecnología, sino la que la usa para amplificar lo mejor de las personas, una que da lugar a las emociones, a las conversaciones, a los acuerdos y al "click" final de la decisión.

Paraguay todavía está a tiempo. Usar IA no es sumarse a una moda: es animarse a aprender antes de que sea obligatorio. Yo no soy especialista en inteligencia artificial.

Soy alguien que la usa todos los días para trabajar con equipos directivos que quieren cambiar y si algo aprendí: la IA pone en evidencia quiénes somos, cómo funcionan nuestras organizaciones y sacuden "siempre se hizo así" que merecen ser revisado. Tal vez sea hora de explorarla para crear juntos un futuro donde lo artificial nos devuelva —por fin— lo más humano.