¿Por qué no atraemos más inversiones?
Por Yan Speranza

Atraer inversión extranjera es una tarea constante y esencial para los gobiernos, ya que es clave para el crecimiento económico, la creación de empleos, el desarrollo de mercados, y la incorporación de nuevas tecnologías e innovaciones en el ámbito empresarial. Algunos países logran atraer inversiones más fácilmente debido a sus ventajas estratégicas, mientras que para la mayoría, la competencia es feroz.

A pesar de las oportunidades que presenta nuestro país, no hemos logrado convertirlas en realidades concretas en la magnitud necesaria para impulsar nuestro crecimiento. En términos de inversión extranjera directa neta, hemos promediado 330 millones de dólares en la última década. Comparativamente, Uruguay; un país más pequeño, ha sido mucho más eficiente, superando nuestro promedio en aproximadamente nueve veces.

Es alentador notar que el interés en nuestro país está en aumento, lo cual podría fortalecerse aún más con el reciente Grado de Inversión otorgado por Moody's, una de las principales calificadoras de riesgo. Es fundamental que continuemos haciendo los deberes para que las otras dos, Standard & Poor's y Fitch Ratings, sigan este ejemplo.

Cuando exponemos la sólida realidad macroeconómica de Paraguay, junto a aspectos atractivos como el bono demográfico, la baja tasa impositiva y el costo competitivo de la energía eléctrica renovable, se podría suponer que los inversionistas extranjeros estarían ansiosos por invertir aquí. Sin embargo, existen factores determinantes, algunos más controlables que otros, que pueden potenciar o limitar nuestra capacidad de atraer inversiones.

En primer lugar, nuestro pequeño mercado es una limitante para ciertos tipos de inversiones. Sin embargo, nuestra ubicación estratégica en medio de grandes mercados consumidores y nuestra abundante materia prima (agua, sol y tierra fértil) para la producción de bienes esenciales como alimentos y madera, deberían hacernos más atractivos. Aún así, debemos ser conscientes de las dificultades que hemos enfrentado con algunos vecinos y con el Mercosur, cuyas decisiones impactan directamente en nuestro país.

Yan Speranza

La política exterior y las decisiones de otros países no son controlables por nosotros, pero debemos fortalecer nuestra estrategia de política exterior, con la Cancillería Nacional desempeñando un papel clave en la atracción de inversiones y en el desarrollo económico. Aunque a menudo no se le da la importancia adecuada, esta institución es fundamental en tiempos modernos.

En segundo lugar, el gran atraso en infraestructura representa una limitante interna. Esto es controlable y, por lo tanto, debemos trabajar para resolver esta situación. La deficiencia en servicios públicos como energía eléctrica, internet de calidad y transporte nos coloca en desventaja. Con niveles de deuda soberana en aumento, los espacios fiscales para sostener la inversión pública se han reducido, por lo que es imperativo impulsar las Asociaciones Público-Privadas (APP's), mejorando la ley actual que no ha alcanzado su potencial.

Un tercer factor limitante ha sido nuestro desconocimiento a nivel internacional. Este es también un factor controlable, y aunque se han dado pasos positivos, es necesario que nuestras embajadas y consulados actúen de manera más activa, potenciando lo que se conoce como "diplomacia económica".

El stock de capital humano avanzado es otro factor que puede dificultar la atracción de inversiones. Para ciertos tipos de inversiones, esto representa un desafío, y aunque es un aspecto estructural que requiere tiempo para cambiar, debemos como sociedad abordar seriamente una reforma educativa que eleve el capital humano.

Finalmente, es crucial trabajar en el fortalecimiento institucional, especialmente en el ámbito de la justicia. Hemos visto señales preocupantes con la aparición de leyes que podrían limitar el funcionamiento dinámico de la sociedad civil. Estas preocupaciones son percibidas seriamente a nivel internacional y pueden afectar negativamente.

Es fundamental que nos enfoquemos con responsabilidad en esta competitiva tarea de convertirnos en un país de realidades en términos de mayores y mejores inversiones, dejando atrás la etiqueta de país de oportunidades.

Esto requiere un compromiso colectivo y una acción decidida para mejorar nuestras condiciones y hacer de Paraguay un destino atractivo para la inversión extranjera.