La calificación crediticia de Paraguay fue elevada a "grado de inversión", el equivalente a un sello de buen pagador, por la agencia Moody's, en una victoria para una de las economías de más rápido crecimiento en América del Sur.
La calificación se elevó de Ba1 a Baa3, colocando a Paraguay en el primer escalón del grado de inversión, junto a Panamá y la India. La agencia de calificación crediticia citó los esfuerzos del país para estimular el crecimiento y al mismo tiempo hacer que la economía sea más resistente a las crisis.
"Un historial de implementación de reformas institucionales, junto con los sólidos marcos de política monetaria y fiscal de Paraguay, respaldan nuestra mejor evaluación de las instituciones y la fortaleza de la gobernanza", escribió en un comunicado la estratega de Moody's, Samar Maziad.
Los bonos en dólares del país estuvieron entre los de mejor desempeño en los mercados emergentes ese día, con notas con vencimiento en 2044 ganando 1 centavo para cotizar a 97,9 centavos por dólar, según precios indicativos compilados por Bloomberg.
El producto interno bruto (PIB) de Paraguay creció un 3,8% el año pasado, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), superando a sus vecinos. El exportador de soja ha recibido elogios de las agencias de calificación en los últimos años por sus políticas consistentes, baja inflación y finanzas públicas disciplinadas.
S&P Global Ratings mejoró al país a BB+ en febrero (un escalón por debajo del grado de inversión) con una perspectiva estable. Fitch Ratings también otorga a Paraguay una calificación BB+ con perspectiva estable.
Éstas son señales importantes. Evidentemente no es un punto de llegada. Pero es un punto de partida importante. Corresponde al gobierno y a los agentes económicos subir la escalera con competencia y seriedad.
Por motivos profesionales viajo regularmente a Paraguay desde hace más de quince años. Mi perspectiva es la de un outsider que, como es lógico, observa la realidad más alejada de las pasiones y emociones de quienes intervienen directamente en la vida cotidiana del país.
El Paraguay de hoy, independientemente de los grandes desafíos internos de gobernabilidad política y estabilidad institucional, es un país prometedor. Cierta seguridad jurídica, estabilidad fiscal e impuestos incomparablemente más bajos que los que se practican en mi país, Brasil, brindan al Paraguay condiciones muy favorables para la inversión extranjera, una fuente importante de desarrollo económico y creación de empleo.
El país, sin embargo, necesita afrontar seria y urgentemente su principal desafío: la desigualdad social. Las demandas de la ciudadanía son numerosas y muy justas: sanidad de calidad, educación, transporte público y seguridad. Demandas tan urgentes y necesarias requieren una respuesta eficaz y generosa por parte del Estado y del sector privado.
Los medios de comunicación tienen un papel muy importante en el rescate de la dignidad de las personas. Deben ser un faro para la ciudadanía. Tu relación con el poder debe ser de independencia y respeto. Apoyar y aplaudir lo correcto y, al mismo tiempo, criticar lo que merece corrección.
La prensa no debe participar en el teatro político, en la exhibición de intereses poco claros. Tu papel es investigar los hechos y decir la verdad. Con objetividad e imparcialidad. Debe promover y estimular un debate serio y profundo sobre las principales cuestiones nacionales.
Soy optimista sobre el futuro de Paraguay. Con frecuencia observo una ola de pronósticos negativos. Un análisis imparcial y verdaderamente periodístico puede conducir a un horizonte menos aterrador. El país está en una carrera de obstáculos y, como en los estadios, la pista no termina en el abismo. Todos navegamos en el mismo transatlántico. En caso de naufragio no habrá ahogamiento selectivo. Todos caeremos. También ocupantes de primera clase (o Primer Mundo). Por eso, sin optimismo tonto, es necesario reconocer que Paraguay, por la iniciativa que muestra, es mayor que sus circunstancias actuales.
Creemos todos en el Paraguay y en la fortaleza de su sociedad. Un pueblo bueno, trabajador y pacífico. Merece una sacudida de justicia, desarrollo y progreso.