Cuando pensamos en empresas familiares, tendemos a pensar que todo es más fácil. Me atrevo a decir que no, tiene sus particularidades y dificultades.
Lo comparto esto como primera mujer de la familia en entrar a trabajar a la empresa familiar y primera también de la tercera generación. Siempre hay excepciones (como todo en la vida), pero esto se trata más que nada de compartir un poco mi experiencia.
Desde que somos chicos, nos criamos dentro de la empresa, en las vacaciones nos vamos a trabajar con nuestros padres a la oficina, vemos a nuestros padres trabajar todos los días 24/7, incluso fines de semana, escuchamos todas las conversaciones, conocemos a todos los colaboradores (que se vuelven casi parte de la familia), crecemos conociendo la empresa familiar y, con el correr del tiempo, comenzas a pensar y ser consciente de que eso es lo que te va a tocar hacer cuando seas grande. ¿Qué significa eso? Significa que nunca, probablemente, te planteaste qué es lo que te gustaría ser cuando seas grande (de verdad), dónde te gustaría trabajar, qué es lo que más te gusta hacer; estamos encasillados en lo que nos toca. ¿Por qué? Porque viste a tus padres y abuelos sacrificarse toda la vida por el trabajo y la familia, y cómo no vas a retribuir y poner tu grano de arena vos. Creciste en esa empresa, todo te es muy familiar, es como si fuera que ya desde antes de entrar a trabajar ya conocieras todo y a todos.
Además, tu familia entera está esperando tu llegada, contando los días para que termines de estudiar y puedas ir finalmente a trabajar; hasta los domingos, en los asados, se habla de eso.
Y llega finalmente el día: te animas y entras a trabajar a la empresa familiar. Comienza este desafiante y hermoso viaje. ¿Cómo va a ser el día a día? Y bueno, casi nunca tenes jefe, tenes que hacer tu camino vos solo, no tenes a nadie que te ponga objetivos, metas (probablemente no haya luego en la empresa), nadie te descuenta si llegas tarde, nadie quiere pedirte muchas cosas, algunos te tienen miedo, otros te tienen envidia, nadie te motiva, entras a trabajar en un rubro que no conoces y que no elegiste (no sabes ni siquiera si te gusta), y ahí es donde empieza la automotivación: es poner todo tu esfuerzo y conocimiento, así como lo hicieron tus padres, abuelos y bisabuelos; te pones vos mismo objetivos y metas, tenes que ganarte a la gente, mostrar resultados, a veces sin una persona que te guíe, aprendes solo, pedís ayuda, te auto exigís, pones en juego todo lo que tenes en la vida y, probablemente, todo lo que tu familia ha tardado años en construir. Chocas con muchas "paredes", como se dice, pero hay que ser perseverantes; hay días que no tenes ganas y pensas que no te gusta lo que haces, pero no podes cambiar de trabajo así nomás; no podés defraudar a tu familia, hay mucha presión, tenes miedo a equivocarte y te equivocas muchísimo. Pero al mismo tiempo, empezas a construir una relación con la familia; tenes que aprender a comunicarte, a tener conversaciones difíciles, a dejar pasar muchas cosas, a "separar" lo personal de lo laboral, observar muchísimo, aprender de lo bueno y de lo malo, acompañar, quedarte en silencio, defender tu postura, demostrar infinidad de cosas y muchas otras cosas más, algunas muy difíciles de hacer y otras no tanto, sobre todo cuando hay tantos sentimientos y relaciones de por medio.
Es mucho más complejo de lo que seguramente todos se imaginan, pero como en mi caso, con el correr de los años, te empezas a enamorar de todo lo que haces, tu familia se vuelve más unida que nunca y empezas a amar tu trabajo tal cual lo hicieron tus antecesores. Trabajar con mi familia y seguir construyendo todos juntos es una de las mejores cosas que me pudo pasar en la vida y no cambio eso por nada en el mundo.
"Y llega finalmente el día: te animas y entras a trabajar a la empresa familiar. Comienza este desafiante y hermoso viaje".